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Rapada de vestuario by Juan Pablo


Esta historia es de cómo me decidí a una rapada. Hace un mes estuve llendo a un club donde se hacen varios deportes. En los vestuarios siempre hay juegos y bromas entre los varones de los equipos y me pareció un buen lugar para planear una ayuda para superar mi miedo.
Cada vez que iba al club a entrenar al gimnasio llevaba una máquina para cortar el pelo recargable en la mochila. Entrando al vestuario, me sacaba la ropa para entrar en las duchas esperando encontrar un grupo de chicos que me inspire a sacar la temida máquina de la mochila. Pero ante varios intentos la máquina siempre quedaba guardada.
Una tarde entrando al vestuario me encontré con un grupo de hombre de unos cuarenta años que jugaban al tenis. Estaban hablando fuerte sobre el partido y se hacían chistes entre ellos. Casi todos desnudos o en ropa interior. Pensé que era una buena oportunidad porque siendo hombres más grandes que yo podría sobrellevar La situación si me arrepentía a último momento. Aunque eso en un punto no debía pasar.
Me saqué la ropa quedando en calzoncillos y con la máquina en la mano me acerque a uno de los hombres que estaba desnudo esperando una ducha. Casualmente era pelado.
-Hola, necesito que me hagas un favor. Me tengo que rapar por una promesa pero solo no me voy a animar.
Miró y agarró la máquina y dijo que no había problema. Yo ya estaba casi temblando pero seguí adelante con el plan. Se fueron acercando otros hombres que salían de las duchas y otros que recién llegaban al vestuario. Me dijo "sacate el calzoncillo asi no te llenas de pelos y sentarse en el banco que ahora arrancamos". Yo seguí la orden y quedé desnudo cómo el resto. Comprobó que la máquina funcionara y llamó a sus amigos.
-Muchchos, acá tenemos que pelar a este campeón.
Al segundo ya tenia unos ocho hombres alrededor mío esperando verme pelado. Mi pelo ondulado era agarrado por este hombre demostrando que tenía muchas ganas de cortarlo.
-A cero la pasamos, cierto?, me preguntó.
El nivel estaba puesto en un 2, y pedí que me la pase como estaba, pero el grupo arengando pidió que sea una rapada bien al ras. Yo dije que no pero ya no había vuelta atrás y la máquina recargable ya había sido modificada en la altura. Mí cabeza estaba en manos de unos cuarentones deseosos de diversión a cuesta de mi padecimiento.
-Ponela como estaba que tan corto no lo quiero, le dije asustado.
-Tranquilo macho que si es una apuesta tiene que ser bien pelado. ¿O no chicos?
Todos respondieron con un rotundo si y sin más demoras agarró la máquina y la pasó. Cuerpos de todas las formas me rodeaban haciendo comentarios y largando carcajadas por la primer franja del corte, ya irreversible. Mientras me cortaban el pelo y me dejaban pelado también pidieron que me saquen la barba, a lo que me negué. Pero me agarraron entre varios de atrás y aunque rogaba que no lo hicieran pasaron también la máquina a cero y fueron dejando mí cara descubierta. Estaba totalmente arrepentido y humillado. Los mechones caían entre mis pies y mí cabeza se sentía más ligera. Ante tanto hombre alrededor no me podía achicar y me la aguanté. Al rato ya habían terminado con la esquilada y me dejaron verme en un espejo. No pude reconocerme prácticamente. Era un cambio muy drástico verme pelado y sin la barba de tres meses. Me pasaba La mano por la cabeza sin poder creerlo. Mientras me miraba asombrado, el pelado me dió un chirlo fuerte en la cola: "Ahora una ducha fria con los muchachos, que la promesa ya está cumplida.



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