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otro rapada forzada by PP


Mi mujer siempre fue muy hincha pelota con el tema del pelo, tanto con mis hijos como conmigo. Siempre decidio como cortarlo y nos llevaba a la peluquería a los tres. Ahora que mis hijos ya son grandes no le dan bola entonces quedé yo solo para que ella se entretenga. Esto ocurrió ayer 2 de enero. Siempre venimos a pasar el fin de año solos a la playa, y ayer a la mñana mientras desayunabamos me dijo que ibamos a ir a la peluqueria porque con el traqueteo de las fiestas y lo del viaje no habiamos podido ir a mi peluquero de siempre.
Cuando saliamos del hotel ella se detuvo a dialogar con la mujer de la recepcion preguntandole donde había una peluqueria tradicional de caballeros, no los salones unisex del centro. La empleada le dijo que por la misma calle del hotel pero a dos cuadras había un peluquero pero que atendía en su casa, que aunque estuviera la persiana baja tocaramos timbre igual. Allá fuimos.
Efectivamente la cortina metalica estaba cerrada. Mi mujer toco timbre y atendio una señora mayor de unos 60 años. Mi mujer preguntó si estaba el peluquero y que nos mandaban del hotel ¨Del Mar¨. La mujer asintió y nos hizo pasar a un pasillo y enseguida entramos por una puerta lateral al local. La mujer encendió las luces y nos dijo que esperaramos. Nos sentamos en unas sillas de espera y yo miraba todo el local. Se notaba que era una peluqueria antigua. Un sillon de barbero frente a un gran espejo y un mueble de madera con cajoneras. En un costado un perchero de pie de donde colgaba la típica sábana blanca que servia de capa. Sobre el mueble solo un diario, ni una sola herramienta. Le dije que mucho no me gustaba el lugar, pero como siempre no me dio bola. A los 10 minutos aparecio el peluquero. Un tipo tambien de unos 60 o 65 años, enfundado en una chaqueta corta y cruzada de un blanco gastado. Tenia unos lentes de marco negro y el cabello abundante pero cortado al rape. Saludó y me invito a sentarme en el sillon mientras él descolgaba la tela del perchero. Quiso dar charla preguntando de donde eramos y como habiamos dado con él. Nos dijo que ya habia cerrado el local porque se había jubilado pero que igual seguia trabajando porque la cosa estaba dificil. Me cubrio con la sabana por completo y me puso por detras una paño tambien blanco en la base de la nuca doblandolo hacia adentro. Me miró a traves del espejo y me preguntó como lo iba a cortar. Ahí fue cuando todo cambió. Mi mujer se puso de pie y se ubicó detras del sillon a mis espaldas. Me levantó con la palma de la mano todo el pelo de la nuca hacia arriba y le dijo al peluquero que lo quería bien rapadito. El tipo se sorprendió, y mirandome por el espejo esperó una respuesta mia. Yo , muerto de verguenza , le dije que si. Se dio cuenta quien era la que tenia la vos cantante. Mientras sacaba sus herramientas de los cajoncitos, ya dirigiendose a mi esposa como si yo no tuviera ni voz ni voto, preguntó con que número de maquina me rapaba. Mi mujer le dijo que ella de números no sabía pero que cortara con la que pelaba más. El tipo sonrió y dijo: ¨ entonces vamos con el #1 ¨, ella asintió y se ubicó en la silla de espera detras del sillón.
El peluquero me empezó a peinar y con la tijera empezó a cortar casi todo el pelo de arriba. Los mechones caían en la tela y se agrupaban en mi regazo mientras yo iba viendo mi transformación en el espejo. Me lo dejó bien cortito y luego me despobló las orejas haciendo grandes arcos por detras. Ninguno hablaba . Solo se oia el sonido de las tijeras. Ya en mi nuca me cortó todo el excedente de pelo. Yo ya sentía el metal apoyado en mi cuero cabelludo. Cuando le dió descanso a las tijeras me sacudio con un cepillo de madera y cerdas gastadas y todo el pelo cayó a los pies del sillon. Lo vi tomar una de las maquinas cortapelo, de las plateadas con tornillo de ajuste superior, y apoyandola en la base de la nuca la empezó a subir lentamente hasta la media cabeza. En ese momento miró a mi mujer y le preguntó si hasta esa altura estaba bien. La respuesta fue que siguiera hasta arriba . El peluquero mandó la maquina hasta la coronilla. Me peló varias franjas , una junto a otra sosteniendome la cabeza hacia adelante. Solo podia ver la tela blanca y el pelo que iba cayendo. Me pelo detras de las orejas y los laterales hasta las sienes.Dio varias pasadas con la maquina. Yo ahora me veia absolutamente rapado. Cuando dejó la maquinita la humillacion llego a su grado maximo. Mi mujer se paró detras mio y paso la yema de sus dedos a contrapelo por toda la nuca pelada. Le preguntó al tipo si eso era lo mas corto que se podía. El peluquero me volvió a mirar por el espejo y dijo: ¨ me parece que está bien rapadito pero si Ud quiere pasamos la doble cero, pero es electrica ya¨. Para mi sorpresa la respuesta fue que sí, yo le dije: ¨ pará Celia, ya está bien rapado así...¨ sin embargo le dijo al peluquero que pasara la electrica. El tipo ya veía mi cara de preocupación en el espejo pero no se atrevio a decir nada. Descolgo de un gancho una maquina enorme como para pelar perros y le sacó la guarda que tenía. Me la mostro y yo solo hice un gesto de resignacion. La encendio y un chirrido agudo cubrió el local. Ante la atenta mirada de mi mujer me la empezó a subir por los costados dejando los pelos casi como la barba de un día. Ya casi no caia pelo. Me estaba rapando sobre lo ya rapado. Cuando fue a mi espalda, otra vez con la cabeza gacha me la pasó indefinidamente por toda la nuca. Cada tanto me cepillaba y seguia pelandome obsesivamente. Cuando la apagó esperó el visto bueno del verdugo. Ahí si , aprobó el corte. Todavia faltaba el rasurado con navaja de todo el contorno y tuvo que recortar un poco mas el pelo de arriba porque habia quedado mucho contraste con la nuca rapada. Me puso el espejito de mano por detras y me vi la nuca absolutamente blanca que con el rosado de lo quemado por el sol daba un aspecto ridículo. Me sacudio con el cepillo y me desabrochó la tela. Jamás sentí una rapada como esa.



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