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Crónica de una rapada anunciada by Yiyo


Aquí estoy, sentado esperando mi turnopara un corte de pelo. Peluquería tradicional. Nunca he estado aquí pero mi situación económica actual me arrastro a tratar de reducir gastosy uno de ellos es el de abandonar los salones modernos donde uno va manteniendo el estilo de su cortea cambio de una tarifa excesiva por lo menos para mi actualidad. No tengo alternativa.

Dos sillones antiguos de peluquería y dos peluqueros ya entrados en años.
Los veo trabajar y me pregunto ¿por qué estoy acá? . La estoy sufriendo mucho. Mi estómago es una piedra producto de los nervios.
Tengo varias personas delante , adultos y algún niño acompañado por quien debe ser su madre.
Las herramientas de trabajo que observo son, seguramente, de la época de la inauguración del local. El desfile de clientes a las sillas de los barberos es casi continuo. Los cortes son bastante similares, quien más quien menos recibe cortes cortos. Todos deben ser viejos clientes del lugar porque casi no hay indicaciones sobre el corte al peluquero.
Las máquinas plateadas, esas antiguas con un tornillo superior de ajuste, son habilmente conducidas por ambos peluqueros.
No puedo dejar de mirar los sillones y a sus ocupantes y ver como son rapados sin misericordia. Por momentos quisiera abandonar el local, pero no puedo.
Le toca el turno al niño. Uno de los peluqueros ubica frente al gran espejo una silla de madera alta y ayuda a treparla al pibe. Mientras lo envuelve con esa inmensa tela blanca pregunta, ahora sí, por el corte. La mujer da las indicaciones: - Bien peladito, por favor. Un escalofrío me corre por la espalda. Mi mirada se estaciona en la espalda del chico que tiene el cabello bastante crecido. El peluquero selecciona una maquinita y toma el control de la situación dando comienzo a la esquila. Le introduce la máquina por debajo del pelo de la nuca y la lleva lentamente hasta la cima dejando una franja rapada que deja ver el cuero cabelludo. Miro con cierta pena la transformación del niño mientras la madre está entretenida con su celular.
Otra persona va a ocupar el otro sillón. El próximo soy yo y luego otro que entró detrás de mí. Seguro me tocará el mismo peluquero que al chico porque calculo que en 10 minutos ya lo tendrá totalmente pelado.
Sigue la esquila y mi tiempo se va terminando. Voy pensando mi corte. No puede ser otra cosa que bien corto. Esa es la idea, para que me dure al menos dos meses.
Ya está afeitandole al pibe la nuca y detras de las orejas. Está brutalmente pelado al cero. La nuca bien entalcada y cepillada para que la mujer apruebe el corte.
Cuando se desocupó la silleta y la madre se dispone a pagar por el servicio, el peluquero corre la silla a un costado y me invita a sentarme en el sillón. Me cuesta avanzar pero ya estoy sentándome frente al espejo.
El peluquero sacude la tela blanca y me la revolea por delante de mí hasta dejarme cubierto totalmente. La ajusta con fuerza y me coloca un paño más pequeño en la base de la nuca.
Me empieza a peinar y como yo no soy cliente me pregunta como lo corta. Dudo. No me animo a pedir algo corto pero ya estoy jugado, entonces le digo:- cortito. Me sigue peinando y, mirándome por el espejo, me repregunta: - ¿a la americana?...le digo: - no sé..cómo el pibe anterior.
La confirmació del peluquero fue: - Ah, bien cortito, entonces....
Lo ví dirigirse al mueble y tomar una de las máquinas. No me pareció la más pequeña. Pude verle las puas no tan estrechas. Me imaginé un # 2.
Me la apoyó en la base de la patilla izquierda y la subió hasta la sien. Siguió detras de la oreja haciendo un gran arco. Fue a la parte trasera y subió la máquina hasta la cima de mi cabeza.
Cuando la apoyó en la base de la nuca me sostuvo la cabeza hacia abajo con su mano izquierda. Yo sentía como ejercía presión con el acero sobre mi cuero cabelludo. No se detuvo hasta llegar a la coronilla. No podía creer lo que me estaba ocurriendo. Maldije mi suerte.
Me siguió pelando la nuca hasta llegar a la parte derecha donde repitió los movimientos.
Cuando puso fin a esa primera pasada de ver en el espejo mis laterales muy cortos. Me cepilló la cabeza con un cepillo de cerdas blancas y duras y varios mechones de pelo cortados cayeron en mi regazo.
Con la tijera de entresacar me cortó todo el pelo de arriba. En un momento cambió las tijeras por otra de puntas agudas y siguió cortando. La tela blanca se iba cubriendo de pelo. Me dejó la parte superior muy corta. Mi transformación era brutal.
Nunca he sufrido durante mis cortes de pelo, pero esta vez era una tortura.
Me sentí absolutamente dominado. Me estaba pelando sin piedad.
Cuando volvió a mí con otra maquinita, ahora sí una de pues muy estrechas, sólo atine a aferrarme a los apoyabrazos del sillón. Estaba tenso.
Otra vez con mi cabeza hacia abajo ´la empezó a correr hasta la corona.
En algún momento sentí la palma de la mano del peluquero subir a contrapelo por mi nuca como verificando el buen trabajo de la herramienta.
Cuando me liberaba la cabeza podía ver mi imagen desencajada en el espejo. Estaba totalmente pelado.
Se preparó para afeitarme debajo de las patillas, detras de las orejas y la base de la nuca. Me enjabonó la zona con una brocha y afiló la navaja con un cuero que colgaba del sillón. Así me rasuró todo el borde del corte.
Sacó el excedente de jabón con una toalla y cargando el cepillo con talco me lo pasó por toda la nuca.
Como si hiciera falta dió una nueva pasada con la maquina por la nuca.
Cuando ví que tomó un espejito de mano me preparé para lo peor. Lo puso a mi espalda y se reflejó mi nuca absolutamente al ras. Me pasé la mano y no podía creer lo que sentía.
Me desabrochó la tela , me volvió a cepillary bajé del silló. Pagué y salí . No podía dejar de tocarme la nuca. Espero que mi suerte cambie, caso contrario tendré que volver.





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