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una historia by Rolobello


Despues de leer innumerables historias del sitio, no sé como,me estoy animando a escribir la mia.
Si bien ahora ya he formado mi propia familia, mi niñez transcurrio en un grupo familiar tradicional en el que sobresalian las imagenes de un padre autoritario y una madre complaciente,ademas de una hermana unos cuantos años mayor que yo, que habia heredado el caracter fuerte de mi padre, razon por la cual chocaban a menudo aunque se admiraban mutuamente.
Yo siempre fui un tipo tranquilo y nunca lleve problemas al seno familiar, de hecho era buen alumno y tenia muy buenos amigos, algunos de los cuales aun conservo.
Mi padre fue siempre quien controlo mi aspecto personal,lo que incluia, por supuesto, mis cortes de cabello.
Nunca le vi a él un corte excesivamente corto aunque, claro esta, para mi la eleccion era otra.
Siempre me ha hecho pelar a lo que en esos dias se llamaba "a la americana".
Les adelanto que eso fue (aunque resulte insolito) hasta mis 16 años, momento en el cual él se fue de casa.
Hasta esa edad me llevo a la peluqueria.
Estos viajes eran por lo general los sabados por la tarde o algun que otro dia entre semana al atardecer cuando él volvia de su trabajo, casi cada tres meses asegurandose de que mi pelo habia crecido lo suficiente.
La vieja peluqueria estaba a dos cuadras de casay era atendida por un unico peluquero ya mayor. En el vidrio del ventanal podia leerse con letras rojas con borde negro PELUQUERIA HUMBERTO , CABALLEROS Y NIÑOS.
Al no tener cortinas, desde afuera podia verse la actividad del peluquero enfundado en una chaqueta blanca, corta y cruzada.
Un sillon de peluquero frente a un gran espejo que descansaba sobre un mueble de formica clara con cajonera y algunas sillas de espera en la pared opuesta eran toda la escenografia del ambiente.
Siempre habia que esperar, sobre todo los sabados donde se llenaba de viejos vecinos, aunque algunos solo iban a darle charla al peluquero.
Cuando era mi turno, de mi corte ni se hablaba, no habia instrucciones, solo como frase hecha el viejo preguntaba si cortaba como siempre, esperando el guiño de mi padre.
Si bien todos mis cortes eran iguales, conservo fresco el recuerdo de mi ultimo corte a los 14 años porque fue exactamente el dia de mi cumpleaños...un 4 de diciembre.
Hacia mucho calor. Llegamos y me hizo sentar en una silla de espera para aguardar mi turno. Tres clientes y mi padre desfilaron por el gran sillon.
Los tres primeros clientes recibieron los tipicos cortes a maquinilla, mientras que mi padre su habitual corte a tijera.
Cuando fue mi turno me enviaron al sillon mientras el peluquero sacudia en el aire la inmensa tela blanca que hacia las veces de capa.
Me senté de frente al espejo y la imagen que éste me devolvia era la de una cara de resignacion que mostraba por ultima vez mis orejas cubiertas y mi flequillo casi en los ojos.
El peluquero me pasó la tela por delante y me la sujeto con fuerza por detrás poniendome un paño tambien blanco en la basa de la nuca.
Sobre el mueble se podían ver todas las herramientas: tijeras, peines, la vieja talquera de metal plateado, el rociador con el bombin reseco y las temibles maquinas cortapelos de diferentes niveles de corte. Mientras el verdugo seleccionaba las que iba a utilizar llegó la pregunta de siempre: ¿cortito, no?
Siempre esperé el dia en que mi padre le pidiera para mí un corte a tijera, pero ese doa nunca llegó. La respuesta fue: - si...cortito , que hoy está cumpliendo años. El peluquero sonrió y me hizo el clasico tiron de orejas.
Me dejó de frente al espejo como para que pudiera ver la masacre y se dirigió a mi espalda esgrimiendo una de las cortapelos y un peine.
Me bajó la cabeza con fuerza y apoyó la máquina en la base de la nuca. Con un movimiento lento, como si quisiera disfrutar del momento, me la empezó a subir hasta la coronilla dejandome una franja pelada. El traqueteo de la maquina era constante dejando una franja al lado de otra. Algunos mechones de pelo ya iban cubriendo la capa.
Cuando me descubrió toda la nuca me pelo la zona de las orejas doblandolas y haciendo profundos arcos hasta llevar la maquina hasta la linea del peinado. Me destapó las orejas y se llevo mis patillas. Repitio del otro lado. Ahora, con la cabeza algo levantada, pude ver el brutal rapado que me estaba dando. Mi padre solo observaba desde la silla.
Con un cepillo me quito los pelos cortados y me pasó la palma de su mano a contrapelo por la nuca rasurada.
Desabrocho la tela, la sacudio en el aire y la volvió a colocar.
Yo ya sabia que aun faltaba ls otra maquinita, la de puas mas estrechas, la #0.
La hizo trabajar en el aire mientras volvia a mi espalda.
Me volvio a pelar la nuca haciendo gran presion con la maquina sobre mi cuero cabelludo, sosteniendo mi cabeza hacia abajo. Parecia no querer terminar nunca.
Cuando le puso fin a la maquina, me cortó todo el pelo de arriba con tijera hasta dejar dos centimetros como para peinar al costado.
Cuando el corte estaba terminando, mi padre se acerco al sillon para aprobar el trabajo. Aun faltaba el afeitado de los bordes de lanuca, detras de las orejas y en la base de las patillas con una navaja que afilaba con el cuero que colgaba del apoyabrazos del sillon.
Finalizaba su obra maestra con el entalcado y cepillado de la cabeza y el espejito de mano en la nuca para que pudiera ver mi cuero cabelludo al ras.
Me baje del sillon tocandome la cabeza totalmente rapada, mi padre pago los cortes y volvimos a casa sin mediar palabra.
Fui el blanco de las miradas y bromas en la reunion familiar de la noche.
Todavia faltaban dos años mas de cortes despiadados hasta que pude librarme de ellos.


L



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