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A rapa by Peluquero azkoba
Hace unos diez años mientras estaba en la escuela preparatoria, nos juntabamos los amigos para hablar de fútbol, las clases y alguna que otra conquista romántica. En una ocasión estábamos muy aburridos cuando de pronto a Emanuel que era el más impulsivo de todos se le ocurrió proponer una apuesta, pero primero preguntó a quién le gustarÃa participar. Muy seguro de mà alcé la mano (pensando que podrÃa ganar algo de dinero) El reto parecÃa fácil, dar 4 vueltas a la cancha corriendo en contra de Emanuel. Yo tenÃa un cuerpo mucho más ágil, asà qué pensé serÃa muy sencillo.
Cuando le pregunté sobre que apostarÃamos me quedé un tanto frÃo. Me dijo: quien pierda se pela a rapa, todo pelón. Pero es a rapa nada de que con tal número, al cero. Me reÃ, pensé que no era en serio. Emanuel me reto, me decÃa: ¿Te vas a echar para atrás? ¿No eres valiente? Estando en frente de los demás amigos no podÃa quedar mal. Recordé que me sentÃa seguro de ganar y acepté.
Fuimos a la lÃnea de salida y comenzamos a correr en la primera vuelta yo iba tomando ventaja. En la segunda la ventaja fue menor, para la tercera vuelta me comenzaba a sentir cansado, a mitad de la cuarta vuelta, tuve un calambre que me hizo detenerme en seco. Para mà mala fortuna Emanuel mostró la condición fÃsica que nunca le habÃa visto (quizá porque no querÃa perder los 30 cm de cabello que él tenÃa en ese momento) Fué asà como perdà la apuesta y no tardaron nada en aparecer los comentarios de burla por mi castigo próximo.
Dije un poco nervioso, vale mañana llego rapado. Emanuel me detuvo y me dijo aún tratando de recuperar la respiración:
—No chavo, vas a pagar ahorita mismo. Vamos a la peluquerÃa.
—Espera, no puedo ir ahora
—Dijimos pelón y pelón vas a quedar. Agarren a la señorita que le hace falta una buena pelada
Intentando recuperar lo poco que me quedaba de dignidad fui por mi propio pie a la peluquerÃa, para mà pésima suerte no habÃa ni un cliente. HabÃa una señora atendiendo, le llamó la atención que fuéramos tantos por un solo corte. Preguntó quién o quiénes iban a pasar a lo que Emanuel contestó:
Sólo el joven, que se le ocurrió apostar
Me senté en la silla, me pusieron una capa enorme, estaba muy nervioso, más aún cuando la peluquera pregunta cómo iba a ser el corte y Emanuel contestó burlón a rapa, dijimos. Eso era al cero. Pedà que esperarán un poco, que quizá al 1 estarÃa bien. No me lo permitieron, todos insistiendo en que tenÃa que tener palabra, sacaron un par de celulares listos para grabar aunque la calidad del vÃdeo fuera mala. La peluquera se volvió su cómplice y con mucho sadismo tomo la máquina en 0 y me la pasó justamente arriba y enmedio. Me dijo mira, para que no te arrepientas. La franja blanca en medio de tanto cabello era impactante, siguió rapando término arriba y todavÃa en tono de burla me pasaba la mano en lo recién rapado y me decÃa mira que bien se siente andar pelón, me rapo lo laterales y al final atras. Pero no habÃa acabado, puso crema de afeitar y con un rastrillo solo dejo el cuero cabelludo visible, al acabar Emanuel me dió un manotazo en la calva y me bautizo como el pelón.
El apodo se quedó conmigo toda la escuela algunas veces volvimos a apostar entre nosotros o con otros amigos, a veces yo perdÃa o a veces ganaba. Lo importante de eso es que a partir de entonces uno de los mejores castigos era ir con la peluquera sádica y pedirle un corte "a rapa"
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