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Nueva vida, nuevo corte de pelo by Miguelito


Nueva vida. Por fin había llegado el momento, después de estar dos años estudiando oposiciones tenía mi primer trabajo como profesor en Barcelona. No me lo podía creer, ni podía estar más contento, después de dejar mis cosas en mi nuevo piso, salí a dar una vuelta para conocer el barrio y algunas calles de la ciudad. Cuando me subí al ascensor, vi que tenía el pelo hecho un desastre, así que pensé que quizá era el momento de ir al barbero. La verdad es que no me gustaba mucho ir al barbero, siempre me cortaban el pelo más de la cuenta y me dejaban como no quería, pero... mañana era el primer día de trabajo y tocaba dar una buena impresión.

Cruce una gran avenida y encontré una pequeña barbería, un cliente con el pelo cortado al estilo flattop salía por la puerta y se había quedado vacía, así que decidí entrar, se llamaba "Barbería Pedro" (ver historia "Pedro, el barbero"), el barbero me hizo un gesto para que me sentara en la silla de barbero y me puso la capa. Pedro llevaba el pelo con un estilo clásico, los lados rapados y arriba con la raya al lado, además llevaba un bigote perfectamente cuidado.

Yo, por otro lado, llevaba un pelo horrible, a mis 30 años tenía muchas canas y el pelo carecía de forma, estaba peinado hacia un lado y cubría la mitad de mis orejas, por arriba me mediría más de 10 cm y por abajo algo parecido, vaya, era un desastre. El barbero me pasó el peine y me preguntó:

- ¿Qué hacemos hoy?

- Quiero algo clásico, arriba corta un par de dedos y abajo algo más, todo a tijera".

El barbero asintió con la cabeza y me humedeció el pelo, después me peinó todo el pelo hacia atrás y empezó a cortar con las tijeras, primero en la zona de la coronilla y después hacia delante, pequeños mechones iban cubriendo la capa y el sonido de la tijera llenaba toda la barbería, de repente, el barbero interrumpió su silencio.


- ¿me permite una sugerencia, señor?

- Sí, por supuesto.

- He observado que ha perdido bastante pelo en la parte de arriba de la cabeza, así que si yo fuera usted lo dejaría más cortito, se verá menos que está perdiendo cabello y le quedará más juvenil.

Yo me quedé muy sorprendido, sabía que se me estaba cayendo el pelo pero no pensaba que fuera para tanto...

- Está bien señor... pero no quiero que me deje calvo.

El barbero se sonrió y me dijo que estaba tomando la mejor decisión. Dejó las tijeras y cogió la máquina de cortar el pelo, pensé que me iba a cortar los laterales más de lo que esperaba pero eso no era importante, lo que no esperaba es que pusiera la máquina en medio de mi frente y empezara a pasarla por medio de mi cabeza, en solo una pasada me hizo una carretera, que contrastaba con el resto de mi pelo. El barbero, viendo mi cara de miedo y mis ojos llorosos, me dijo:

- No te asustes chaval, es la número 4, no es muy cortito, y te va a quedar de lujo.

Yo intente sonreír, pero no me salía... pero el barbero siguió rapando mi cabeza, en muy pocas pasadas, la parte de arriba estaba rapada al 4, o lo que es lo mismo, unos 12 mm. Estaba ridículo, el barbero me pasó la mano por la cabeza y me dijo: "mucho mejor". Después sacó el peine de la máquina y empezó a pasarla por los lados. Me asusté muchísimo, me estaba pasando la 0, todo el pelo iba cayendo y mi piel blanca se iba viendo pasada tras pasada.

- Menudo cambio- dije con voz de miedo.

- Te queda fenomenal, te estoy quitando años de encima - Me dijo Pedro rapando el resto de los laterales.

Después volvió a cambiar el peine y unió la parte de arriba con la parte rapada al 0. El corte iba tomando forma y no me quedaba nada mal, aunque la verdad es que no me reconocía. De repente, el barbero volvió a cambiar el peine de la máquina y dijo divertido: "¡Qué demonios!" pasando la máquina con el número 2 por la parte de arriba de mi cabeza.

Ahora se veía mucho más rapado, quedaba muy militar pero no me quedaba nada mal, además, no se notaban las canas.

El barbero volvió a pasarme la mano por la rapada y me dijo, hazlo tú, te va a encantar, yo hice lo que me dijo y la sensación fue espectacular. Después me quitó la capa y me dijo: "hoy te invito al corte, pero te espero aquí en dos semanas".

Yo salí de la barbería tocando mi cabeza y flipando, ahora sí empezaba mi nueva vida.



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