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Cortes de Pelo de Cine 1 by BARBERO MILITAR


Rigurosos cortes de pelo en el cine

Últimamente, cuento con un puñado de fieles seguidores que hacen comentarios sobre mis trabajos, la mayoría en clave positiva. Por supuesto, me siento alagado de que alguien de otra ciudad, incluso de otro país, dedique parte de su tiempo libre a leer mis modestos relatos. Esta vez, pretendo hacer algo completamente distinto a lo habitual. Desde que me interesa el tema de los cortes de pelo muy rapados, me han fascinado las escenas de algunas películas. En diciembre de 1987, me compré mi primer grabador de VHS; comencé a alquilar cintas de vídeo que trataban sobre esta cuestión. También grababa en cintas vírgenes secuencias en las que aparecían cortes de pelo masculinos, más o menos rigurosos. Conservo, como oro en paño, todo este material audiovisual. En su día lo pase de VHS a DVD para evitar que se deteriorara.

En definitiva, lo que pretendo es hacer un inventario, lo más completo posible, de los títulos de estos filmes. Añado mis comentarios personales y describo, de forma detallada, lo que ocurre en la escena en cuestión. También, cuando los hay, reproduzco los diálogos. Aunque sé que alguno de los lectores de The Haircut Story Site, ha protestado enérgicamente porque inundo la página web con mis numerosos escritos, creo que lo más adecuado es dividir el trabajo por capítulos. Sin más dilación, comienzo con mi Inventario de Películas con Cortes de Pelo Rigurosos.

El muchacho de los cabellos verdes
Nacionalidad: (estadounidense) (año 1948)

Un chico de corta edad, llamado Peter, es recogido por la policía mientras vagaba por las calles; sorprendentemente, lleva la cabeza completamente afeitada; en realidad, el pequeño actor no tuvo que renunciar a su cabellera, le aplicaron un maquillaje especial para simular el rapado. El jovencito sufre un fuerte shock emocional y es incapaz de pronunciar una sola palabra. Un psicólogo, habitual colaborador de la policía, decide entrevistarlo; con mucha mano izquierda, se gana la confianza del chaval. En un momento determinado le hace una pregunta delicada:

Psicólogo:
-¿Y tu pelo? No soy policía, soy médico.

Peter:
¿De qué clase?

Psicólogo:
-Un médico corriente, a decir verdad, experto en niños. ¿Qué le pasó a tu pelo?

Peter:
-Me lo corté.

Psicólogo:
-¿Cómo?

Peter:
-En la peluquería.

Psicólogo:
-¿Por qué?
Peter:
-Es una larga historia.

Psicólogo:
-Me gustan las historias largas.

Peter:
-No se la creería.

Psicólogo:
-Me gustan las historias largas e increíbles.

Peter:
-Yo tenía el pelo normal…

Comienza a contarle lo ocurrido desde el principio. Sus padres habían fallecido en un accidente y su abuelo, un hombre bonachón y muy tolerante, se hizo cargo de él.

En una de las escenas aparece Peter, acompañado por su abuelo, yendo camino de la escuela. Al pasar junto a una barbería, les saluda amablemente el oficial de la peluquería. El abuelo, que se siente orgulloso de su nieto, le presenta al chaval:

-Mi nieto, que empieza hoy el colegio.

El peluquero demuestra su deformación profesional y centra su atención en la abundante cabellera que luce Peter:

-Ah, parece buen chico; quizá, demasiado pelo.

El abuelo capta la indirecta:

-Un día de estos se lo traeré para que se lo corte.

El barbero le acaricia al muchacho cariñosamente la cabeza y se muestra muy servicial:

-Cuando quiera, señor, cuando quiera.

Aquel encuentro casual con el viejo peluquero fue premonitorio; el guionista nos está avisando de que algo le va a ocurrir al pelo del protagonista. Una mañana, inesperadamente, el cabello de Peter adquiere un extraño color verde. Al tratarse de una pequeña población, un hecho de esta naturaleza provoca que se extiendan todo tipo de rumores; el chico sufre el acoso y las burlas de los otros colegiales. Algunos padres prohíben expresamente a sus hijos que tengan relación con este pintoresco muchacho. Al final, se llega a una situación límite; al abuelo no le queda otra salida que tomar una drástica decisión. Empieza hablándole de los chismorreos de los habitantes del pueblo.

Abuelo:
-Me decía con esa extraña forma que tiene de hablar: "Peter aprenderá que para un hombre es peligroso tener el pelo verde, ¡qué no puede ser!"
Peter:
-¿Quieres tú que me corte el pelo? (pone cara de angustia)

Abuelo:
-¡Oh no, hijo! Yo no sé lo que está bien. La gente ha estado diciendo toda clase de cosas, que si el agua o la leche… Harry se ha estado quejando en la escuela. Peter, Peter, tú sabes que lo último que yo quisiera es herirte pero la gente habla y habla. Además, el doctor dijo que si te lo cortabas podría volver a crecerte de tu color.

Peter:
-Tú tampoco me has creído.

Abuelo:
-¡Oh no, hijo!, no es eso, pero tú últimamente te has llenado de unas fantasías muy extrañas. Yo quiero que seas feliz, como cualquiera de los muchachos de tu edad…

Aquel bondadoso hombre eleva la voz, como si quisiera darle ánimos a su entristecido nieto:

Abuelo:
El peluquero me prometió que nos esperaría. ¡Vamos a verle! Eliminaremos ese problema y te sentirás como un hombre nuevo. Peter, recuerdo que cuando tenía tu edad, durante el verano, solía raparme la cabeza, brillaba como el marfil, era fantástico.

Peter:
-Nadie me ha creído. No me escuchan.

Abuelo:
-No te lo tomes así, hijo es que…

Peter:
-Está bien, iré.

Abuelo:
-Ya lo verás, todo saldrá bien.

Peter:
-De acuerdo.

Abuelo:
-Vamos. No va a ser tan terrible.

El abuelo le ofrece su mano a Peter pero éste se la rechaza.

El local de barbería, en donde el muchacho va a ser rapado, es un auténtico santuario de la masculinidad. El mobiliario fue fabricado con magníficas tallas; es digno de figurar en un museo etnográfico. Los tradicionales sillones han sido tapizados en cuero negro. El oficial viste bata blanca y luce una corbata oscura.

Para evitar que el chico contemple como le esquilan, el barbero ha girado el sillón; así no podrá verse en el espejo; esto me recuerda a la venda con que les cubren los ojos a los reos de muerte, justo antes de ser ejecutados. Aquel corte de pelo forzado no se realizará a puerta cerrada; la "ejecución" será de carácter público. Además del abuelo, hay varios paisanos, sentados cómodamente en el salón de la peluquería, observándolo todo desde una posición privilegiada. Los menos afortunados se deben conformar con mirar a través de los cristales del establecimiento.

Para evitar que se manche la ropa, el oficial le coloca al muchacho la tradicional capa blanca con rayas estrechas negras. Acto seguido, el director nos muestra el primer plano de una estantería sobre la que reposa la legendaria maquinilla de color negro Oster Model 10. En los Estados Unidos, en los años cuarenta, se había popularizado el uso de las maquinillas eléctricas de cortar el pelo; por el contrario, en Europa y en el resto de los continentes se seguían utilizando masivamente las manuales. El peluquero enciende la maquinilla y se escucha el inconfundible zumbido que produce la cuchilla al desplazarse a gran velocidad. Para comprobar que la herramienta está bien calibrada y afilada, el barbero se pasa la maquinilla por la mano. Como si fuera un juego, para crear más tensión en el ambiente, enciende y apaga constantemente la esquiladora.

El abuelo, con el rostro desencajado, se aproxima al mozalbete y le coloca la mano encima. Intenta disculparse con su nieto pero no le salen las palabras:

-Peter, yo…

Finalmente, ya de manera definitiva, el barbero vuelve a encender el interruptor de la maquinilla. Con la mano que le queda libre, le sujeta la cabeza al pequeño cliente, inmovilizándolo, para poder realizar su trabajo con mayor precisión. Comienza pasándosela por el cuello; cada pocos segundos, mueve la esquiladora hacia afuera, con el fin de librarse de los molestos mechones recién cortados. El abuelo mira hacia otro lado, muestra un rostro compungido; de alguna manera se siente culpable por lo que está sucediendo.

El director recurre a una toma aérea para mostrarnos como le rapan al pequeño protagonista la parte superior de la cabeza; en la zona central del cráneo se le transparenta por completo el cuero cabelludo. Al pobre muchacho se le saltan las lágrimas; de vez en cuando, tiene que soportar algún que otro tirón de pelo. Los allí presentes contemplan el espectáculo en completo silencio y con unas caras muy largas. Uno de los colegiales, de los que observan tras el cristal, aparta la mirada, mostrando así su repulsa por lo que está sucediendo en el interior del establecimiento.

La maquinilla avanza imparable y grandes lágrimas surcan las mejillas del chaval. En otra toma podemos ver la gran cantidad de mechones que se han acumulado encima de la capa. Por último, en un plano general, contemplamos a Peter con la cabeza completamente rapada, tan redonda y brillante como si fuera una bola de billar. Tras apagar la Oster, el barbero le aplica los polvos de talco en la zona del cuello y le pasa un cepillo. El abuelo continúa abstraído, absorto en sus pensamientos. El peluquero quiere que el cliente contemple el resultado de su trabajo y le ofrece un espejo de mano; el chico lo rechaza, con una mueca de desagrado, apartando la cara. El oficial de barbería le quita la capa y la sacude enérgicamente; después gira el sillón y, sujetando un pequeño mechón entre sus dedos, pregunta a los allí presentes:

-¿Alguien quiere un souvenir?

Aquellos caballeros, de rostro hierático, se levantan del asiento y, sin pronunciar palabra, abandonan el local. Tampoco el abuelo del chico desea conservar ningún mechón de su nieto.

Ante aquel panorama tan desolador, el barbero se disculpa delante de los presentes:

-No fue idea mía.

El abuelo, sin mirar al verdugo de su nieto, extiende la mano para pagarle. El chico abandona el sillón, se coloca la cazadora y sale al exterior. Allí le observan algunos de sus compañeros de colegio.

Un muchacho de gafas intenta consolarle diciéndole:

-Todo el mundo se burla de mí porque uso gafas gordas.

El abuelo intenta quitarle hierro al asunto:

-Bueno, ya está hecho y ahora todo se arreglará. Haremos un montón de cosas juntos.

El pequeño protagonista se marcha, solo y a gran velocidad, del lugar. Al fondo podemos admirar una panorámica general de la peluquería. El barbero barre el local con un gran escobón, como si quisiera eliminar de su conciencia cualquier sentimiento de culpa.

Más allá de las lágrimas
Nacionalidad: (estadounidense) (año 1955)

Está película está ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Los reclutas acuden, de todos los puntos de los Estados Unidos, para incorporarse al centro de instrucción militar. En la única escena "interesante" del film, todos los chicos forman en fila para entrar en el pabellón de la barbería; por otra puerta, y en dirección contraria, salen los muchachos a los que ya les han rapado, como mínimo al dos ceros. Los diálogos que mantienen son realmente entretenidos. El sargento continúa dando órdenes a los recién pelados, mientras abandonan la barbería a paso ligero:

-Vosotros, seguid esa línea blanca y manteneros en formación.

Los mozos que esperan para entrar en la peluquería de tropa, al ver a sus compañeros prácticamente calvos, se ríen a mandíbula batiente, no sienten ninguna angustia. Algunos de los recién esquilados hacen comentarios jocosos sobre sus infames pelados:

-Me han dejado hecho un melón.

-Ya no tengo pelo de tonto.

-Voy a peinarme las cejas hacia atrás.

El sargento que permanece en la puerta del pabellón, controlando las entradas y salidas a la barbería, sigue dando instrucciones a los reclutas; se dirige a los mozos con voz grave y gran autoridad.

-Adelante, muchachos… Vamos, largaros, pelones… Y vosotros, moveros; entrad hay dentro para que os despiojen.




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