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Cortes de Pelo de Cine 3 by BARBERO MILITAR


ABUELO MADE IN SPAIN
Nacionalidad: española (año 1969).

Marcelino (Paco Martínez Soria) es un agricultor muy mayor que vive en un remoto pueblo del Pirineo aragonés. Tuvo tres hijas que se marcharon a Madrid, en busca de un futuro mejor. Las tres se han casado y una de ellas le invita a su padre para que conozca a sus nietos, algunos de ellos ya son adolescentes. El ambiente rural en el que se mueve nuestro protagonista no tiene nada que ver con la ajetreada vida de la gran ciudad. En el dormitorio de uno de sus nietos mayores, Marcelino se entera de que aquel joven inexperto consume drogas; este nieto tan moderno confunde el tabaco de liar de su abuelo con alguna sustancia alucinógena. Al darse cuenta de la gravedad de los hechos, abronca a su nieto y le amenaza con "dejarle sin pelos".

En la siguiente escena el muchacho aparece cubierto con un sombrero y sin un solo pelo en la cabeza. La madre le acusa a Marcelino de haber anulado la personalidad del chico. En realidad, al joven actor no le cortaron el pelo, se nota que le han puesto una peluca de goma, ocultándole el cabello.

CATETO A BABOR
Nacionalidad: española (año 1970).

El personaje principal lo interpreta Alfredo Landa. Miguel Cañete es un joven pueblerino que tiene a su cargo a un hermano pequeño. Después de agotar todas las prórrogas, es llamado a filas. Ingresa, a regañadientes, en el cuartel de la Armada de la localidad de San Fernando, provincia de Cádiz.

Está convencido de que tener que cuidar de su hermanito es un motivo más que justificado para librarse de la mili; sin embargo, no consigue convencer a ninguno de los mandos. El proceso de incorporación a filas continúa su curso; en ningún momento se tienen en cuenta sus alegaciones, nadie le escucha. En compañía de otros reclutas, y vistiendo tan solo un culote deportivo, se ve obligado a recorrer una estrecha galería, mientras que de las paredes salen chorros de agua a presión. Aquel recinto de duchas recordaba a los túneles de lavado de coches. Más tarde, debe someterse a la traumática vacunación; cuando menos se lo espera, a traición, le inyectan el contenido de una jeringa de cristal.

Por supuesto, la escena culmen de este film es la de la barbería. Como decorado de fondo, aparece la legendaria peluquería de tropa del Cuartel de la Armada de San Fernando. El director decidió que participara en su película un auténtico profesional del oficio; el oficial jefe de esta barbería militar simuló cortarle el pelo a Alfredo Landa. La cámara recorre el salón de peluquería. En primer plano, aparece un joven de cabello largo al que le están pasando una maquinilla eléctrica, tipo Oster, por detrás de la cabeza, dejándole el cogote a la intemperie.

Cañete se resiste a sentarse en el tradicional sillón porque alberga la esperanza de abandonar pronto el cuartel. El barbero de bigotito recortado, emplea todas sus energías para someter al joven recluta. Coge una maquinilla de mano y va a comenzar a pelar al joven, según indican las ordenanzas de la Armada. Desesperado ante lo que se le viene encima, el actor navarro exclama: "La maquinilla, no… la maquinilla, no".

En la siguiente secuencia, el riguroso corte de pelo que se supone le habían metido al peculiar recluta pasa desapercibido. No creo que un actor tan cotizado como Landa estuviera dispuesto, por exigencias del guion, a dejarse pelar como un quinto.

LA FORJA DE UN MARINE / DOS MUNDOS OPUESTOS (serie de televisión)
Nacionalidad: estadounidense (año 1970).

El sargento les ordena a los reclutas que se ponga en marcha. Van camino de la barbería:

-Recoged vuestras cosas y seguidme, sin perder vuestras posiciones. ¡Vamos!, seguidme. Un dos, un, dos, vamos… más rápido. No perdáis el paso, venga…

En la siguiente escena, se ve a los nuevos reclutas en formación, mirando al frente, con cara de preocupación; contemplan como están rapando brutalmente a los compañeros que les preceden; tengamos en cuenta que a principios de los años setenta este era uno de los castigos más humillantes para los jóvenes. Suena una música de temática militar y la voz en off pronuncia el título de la película: "Dos mundos opuestos". También se escucha el zumbido que producen las maquinillas cuando están en funcionamiento. Los barberos visten bata blanca y los sillones del local son muy clásicos, la base de los mismos es de porcelana blanca; están tapizados en piel marrón. Las maquinillas que utilizan son de la marca Oster Model 10.

El primero en aparecer en la pantalla es un joven moreno con el pelo relativamente corto al que, por supuesto, le esquilan de una manera despiadada. Contemplamos la mano del oficial de barbería introduciéndole al sufrido muchacho la maquinilla por la frente. El siguiente en ser pelado es un chico negro con el cabello crespo; a éste le pasan la esquiladora de atrás hacia delante. Después aparece un joven de cara redonda, con apariencia de obeso, que usaba el cabello largo; grandes mechones rubios caen al suelo de madera.

En la próxima toma, la cámara graba desde un punto de vista lateral. El muchacho tiene un cráneo bastante grande y con una forma perfectamente redondeada. El último en aparecer en escena es el protagonista de nuestra historia, un chico rubio y de cabello muy largo. Cuando la maquinilla entra en contacto con su frente, grandes mechones de su pelo son cercenados de forma cruel. Nuestro joven pacifista levanta la mirada, cierra los ojos y se abstrae; su rostro refleja una gran paz espiritual y esboza una ligera sonrisa. En el lateral derecho de la imagen están pelando a otro de los reclutas. Desde el fondo de la estancia, uno de los oficiales militares controla todo lo que ocurre en la barbería de tropa.

BUGSY MALONE, NIETO DE ALCAPONE
Nacionalidad: británica (año 1976).

La originalidad de este film radica en que los personajes adultos los interpretan niños. Está ambientada en el Chicago de los años veinte. Aparece una barbería tradicional. Un barbero de cabello engominado corta a tijera el pelo de su cliente, que se supone era un mafioso. El oficial de peluquería estaba compinchado con un matón, que observa como le cortan el pelo a su víctima desde el exterior, a través del cristal. El barbero le hace un gesto al criminal para que prepare la ejecución. Aparece una maquinilla manual de cortar el pelo en primer plano. El peluquero le tapa la cara al cliente con una toalla caliente, supuestamente para abrirle los poros de la piel. De repente, gira al sillón, destapa la cara del confiado cliente y el matón descarga su munición sobre éste; en realidad, la metralleta dispara nata comprimida.






EL EXPRESO DE MEDIANOCHE
Nacionalidad: estadounidense (año 1978).

Un muchacho norteamericano viaja de vacaciones, en compañía de su novia, a Turquía. En los años setenta, en los ambientes progresistas de la sociedad, el consumo de drogas era algo habitual, todo un signo de modernidad. El movimiento hippie consideraba que las sustancias alucinógenas eran algo muy positivo porque te permitían transportarte a otra dimensión. El protagonista de la historia decide traficar con hachís. En el aeropuerto de Estambul fue detenido por la policía. De inmediato ingresó en una siniestra prisión.

Fue conducido a la barbería para que le corten el pelo, según el reglamento carcelario. Se trata de una sala de grandes dimensiones. En la primera secuencia, el director optó por rodar una toma general de la estancia. Tanto la figura del chico, sentado en una vulgar silla y cubierto por una tela, como la del barbero, un oficial de bigote que sostiene entre sus labios un cigarrillo, aparecen a contraluz. Una voz en off nos habla sobre la carta que el muchacho envió a sus padres. De repente, en primer plano contemplamos una maquinilla eléctrica tipo Oster, está colgada del techo con un clavo. El peluquero la toma y comienza a metérsela por el cuello al recluso; el sonido de la cuchilla en movimiento es especialmente agudo. El joven cierra los ojos con fuerza, como si quisiera evadirse de lo que está ocurriendo. Se siente arrepentido de haber cometido aquel absurdo delito y desea que sus padres le perdonen por su mal comportamiento.

BRUBEIKER
Nacionalidad: estadounidense (año 1980).

El nuevo alcaide de una prisión desea terminar con los malos tratos que soportan los presos. Decide infiltrase en un centro penitenciario, fingiendo ser un recluso más; de esta manera, conocerá de primera mano las condiciones de vida de los penados. Tras pasar por los distintos trámites de ingreso (duchas, fotografías etc.), es conducido a la barbería. Allí, como en el resto de la penitenciaría, se ha instalado la corrupción. Algunos presos ejercen como barberos. Si los nuevos reclusos desean conservar su cabello, deberán ceder ante los sobornos de los veteranos.

En la barbería se escucha el zumbido de las maquinillas, que aparecen colgadas del techo. Uno de los nuevos reclusos le entrega dinero al preso que le estaba atendiendo y se dirige a éste suplicante:

-Corta poco junto a las orejas.

Sin embargo, aquel convicto es avaricioso y no se apiada del muchacho:

-Cuesta cinco que no te lo corte mucho, Zaranska, dos es para dejártelo al rape.

Otro de los presos protesta ante la falta de cuidado con que le cortan el pelo:

-A ver, no pegues tantos tirones.

Pero el peluquero no se aviene a razones:

-Te lo cortaré todo entonces y… tal vez una oreja también.

El barbero que atiende al protagonista de la historia pregunta:

-¿Qué va a ser amigo?

El alcaide saca un billete de los calcetines y con ironía le dice al barbero:

-Deja las orejas.

LA QUINTA DEL PORRO 2 / LA BATALLA DEL PORRO
Nacionalidad: española (año 1981)

Los nuevos reclutas del cuartel son en su mayoría unos inadaptados sociales; no están acostumbrados a que nadie les imponga disciplina. Un teniente, con una forma de hablar un tanto cómica, les acompaña a los dormitorios y les enseña las taquillas. Acto seguido, este oficial se dirige a los chicos en los siguientes términos:

-Pueden pasar a los lavabos; el barbero les espera.

Todos los jóvenes, con cierta pereza, acuden a los aseos. El teniente se dirige a los soldados veteranos que se encuentran en posición de firme:

-Preparen las maquinillas, vamos a empezar a raparlos… ¿Todo dispuesto, eh?

Uno de los soldados responde:

-Sí, todo dispuesto, cuando usted diga empezamos.

-Venga -replica el teniente-

A uno de los veteranos le gusta hacerse el gracioso:

-Vamos a hacer una colchoneta con pelo de quinto.

En la siguiente escena, el teniente se dirige a aquel recluta que había tenido peor comportamiento y decide darle un escarmiento:

-Ven para acá, villano, ven para acá… Venga, graciosillo… como tú eres el cabecilla, a esa cabecilla no le va a quedar ni un pelo. Venga, empezad por éste.

Uno de los veteranos le indica el camino del esquiladero. El soldado que hace las veces de barbero viste bata blanca de algodón encima del uniforme de faena. Es el único de los allí presentes que luce un corte de pelo al uno; su cabeza presenta una forma completamente esférica. Estoy convencido de que este joven no era un actor profesional; en 1981 que un mozo llevase el cráneo totalmente rapado era motivo de escándalo público, te miraban mal por la calle.

Por su parte, el recluta gamberro e indisciplinado, aprovechando que el teniente no está mirando, le soborna al barbero con cierta cantidad de dinero. Le sugiere que no se pase cortando:

-Házmelo arregladito
El teniente se impacienta

-¿Pero que pasa?, ¿lo rapas o qué?

El soldado barbero, con un marcado acento andaluz, le pide instrucciones a su superior:

-¿Ar cero no?, mi teniente

El oficial se emociona con el tema y da las instrucciones para que le corten el pelo a aquel inadaptado social:

-Por ahí, por ahí… y que brille.

El soldado barbero pasa la maquinilla, sin ningún tipo de peine, por encima de las cerdas de un cepillo; de esta forma, le demuestra al recluta protestón lo que esta herramienta es capaz de rapar. El rebelde lleva un pañuelo anudado en su cabeza y se lo quita. Justo en el momento en que le va a meter la maquinilla por la zona lateral de su cráneo, se produce un apagón de luz. Los reclutas de momento se libran de ser esquilados. Sin duda, se trata de una estratagema del director para no tener que cortarles el pelo a los jóvenes actores.

En los lavabos aparecen dos soldados conversando sobre el tema. Uno de ellos opina que "por lo que han hecho les van a rapar hasta las pelotillas".

EL PELOT"N CHIFLADO
Nacionalidad: estadounidense (año 1981)

La escena de la barbería también es de sumo interés. Los actores comentaron en el making-off que les resultó bastante traumatizante tener que raparse por exigencias del guion. A principios de los ochenta, un pelado a maquinilla era un auténtico castigo, no se consideraba un corte de pelo propiamente dicho sino una venganza. Los peines que acoplan a las maquinillas son de grandes dimensiones y tienen las púas muy anchas. Posiblemente les cortasen el pelo al cuatro, dejándoles una largura de algo más de un centímetro.

El director recurre a unos planos muy cortos para reforzar el dramatismo de la secuencia; se trata de que el espectador no pierda detalle del "arreglito de pelo" con que el ejército obsequia a aquellos reclutas tan peculiares. Como fondo musical, escuchamos una marcha militar, además del ruido que producen las maquinillas mientras funcionan a toda potencia.

El primer chico que aparece en pantalla es joven gordinflón y rubio, que cierra los ojos con fuerza mientras el peluquero le mete la maquinilla por la frente. La cámara se desplaza y enfoca a un muchacho de cabello moreno y ensortijado, al que también esquilan del mismo modo. El tercer recluta, sin embargo, mantiene la boca abierta y sonríe plácidamente; da la sensación de que le agrada que le pelen de esta forma. Con el último de los chicos, el director hace trampas: el oficial de barbería le corta el pelo con una potente maquinilla Oster pero utilizando un peine, apenas le retoca las puntas. Dos de los protagonistas, permanecen sentados, observando aquella orgía capilar, a la espera de pasar por la misma prueba.

Cuando los reclutas abandonan la barbería, aquel chico obeso con cara de bobalicón sujeta entre sus manos los mechones de cabello que le han rapado; los mira con pena, mantiene la boca abierta y da la sensación de que está a punto de echarse a llorar. El recluta optimista, por el contrario, no para de sonreír; mira al gordinflón y le acaricia el cráneo para darle ánimos; este joven es un enamorado de la disciplina militar, se toca el cogote de arriba hacia abajo y disfruta de la suavidad de sus rapados cabellos.

Entre los nuevos quintos, hay un graciosillo que se acerca a los recién rapados y comienza a bailar la danza de los Hare Krishna. El grueso recluta, que continúa angustiado por haber perdido su apreciado cabello, le agarra de la solapa, le coloca contra la pared y le exige que se calle. Otro de los protagonistas tranquiliza al obeso muchacho volviéndole a acariciar la cabeza, como si se tratase de un perro rabioso.


LOS CHICOS DE LA COMPAÑÍA C
Nacionalidad: estadounidense (año 1982).

Al igual que en La Chaqueta metálica, en esta cinta se aborda el tema de la controvertida guerra del Vietnam. Se describe en imágenes las diferentes fases de la incorporación a filas de los nuevos reclutas. Desde el principio se les somete a una brutal disciplina; se intenta controlarlos, hasta el punto de anular cualquier vestigio de su personalidad.

Son conducidos a las duchas, con toallas blancas anudadas a la cintura. El sargento que los recibe les lee en voz alta el cuestionario que deben rellenar:

-Vais a contestar a unas preguntas: ¿Habéis cometido actos sexuales con otro hombre o con un animal? / ¿Os meáis en la cama? / ¿Os gusta vestiros de mujer? / ¿Con cuanta frecuencia os masturbáis?...

Los nuevos reclutas acuden en formación al pabellón en que se ha instalado la barbería. El sargento les exige que mantenga en paso. Solo están parcialmente uniformados: visten el pantalón verde del traje de faena y la camiseta blanca de algodón de media manga. Todavía no saben desfilar correctamente ni guardar la debida distancia con el hombre que tienen delante. Por este motivo, se les obliga a agarrarse de la cinturilla del pantalón del compañero que les precede y estirar el brazo. De repente, uno de los superiores ordena a los jóvenes que se detengan:

-Aaaaalto… Paso ligero; aprisa, muchachos; vamos rápido, daros prisa, moveros; vamos, rápido. Vosotros ¿a qué esperáis? Adelante, adelante, adelante la segunda fila; rápido. ¡Turno de barbería!

Aparecen en la puerta los primeros reclutas. El sargento se sitúa en la derecha de la pantalla. Continúa dando órdenes:

-Juntaros más… qué pasen los cinco primeros y tomen asiento. Aprisa, no tenemos tiempo que perder, vamos, vamos, vamos, vamos…aaaalto, espera.

En la siguiente secuencia se ve como aquellos cinco chicos se sientan a toda velocidad. Los sillones de la barbería están tapizados de rojo; los barberos visten las tradicionales batas blancas de algodón. A los reclutas se les envuelve en unas capas blancas. No se ve como les cortan el pelo. El director prefirió enfocar a los muchachos que esperan su turno, que contemplan boquiabiertos y angustiados como rapan sin piedad a los que les han precedido. Saben que en unos minutos serán ellos las víctimas de los barberos. Todos usan el cabello largo. Se escucha el penetrante zumbido de las maquinillas, uno de los sonidos más amenazadores para los chicos modernos de aquella época.

Por unos pocos segundos, los espectadores podemos ver a los reclutas recién esquilados, mientras los barberos les despojan de la capa. En la parte superior les han dejado el cabello algo más largo; sin embargo, tanto los laterales como la zona trasera han sido rapados al cero. Uno de los superiores que se pasea por la estancia les indica que se marchen:

-Largo de aquí… los cinco siguientes.

El sargento, por su parte, continúa metiéndoles prisa. Los muchachos que ya han sido esquilados abandonan a paso ligero la peluquería. En la parte trasera de sus cabezas se les transparenta el cuero cabelludo. Algunos de los reclutas tienen un comportamiento infantil: intentan colocarse lo más atrás posible en la fila, cambiar de posición, para poder así conservar su cabellera durante unos pocos minutos más. Uno de los muchachos luce una larga melena y poblada barba, además es un pacifista redomado. El sargento le tiene ojeriza y decide humillarlo públicamente:

-Vamos, aprisa, no podemos perder aquí todo el día, señoritas… Ahora los cinco siguientes, vamos entra, adentro, tú, tú, adentro, eh tú vamos… Tú, Jesucristo, entra ya; ¡a ver si te convierten en un ser humano! A ése, al Jesucristo, hazle un buen trabajo, quiero verle rapado al cero…. No os va a conocer ni vuestro padre, os lo garantizo.

De nuevo se ve como los barberos envuelven en aquellas capas de algodón a los quintos. Las maquinillas, con su agudo sonido, vuelven a funcionar a toda potencia En la siguiente escena, podemos contemplar el rapado que les han metido a los denominados chicos de la Compañía C. Sujetan un número de identificación entre sus manos, mientras son fotografiados. El sargento continúa con sus exabruptos y comentarios sarcásticos:

-¡Precioso… estupendo… muy sexy… un encanto… horrible!

OFICIAL Y CABALLERO
Nacionalidad: estadounidense (año 1982)

La acción de este film, protagonizado por Richard Gere, se desarrolla en una escuela militar de aviación. Como un mero trámite de ingreso, los nuevos aspirantes a piloto acuden a la barbería en formación. El director coloca en una larga fila a los actores que van a ingresar en la peluquería. El primero en abandonar el esquiladero, es un muchacho bajito al que le han cortado el pelo al dos. Los compañeros se escandalizan por el pelado tan riguroso que le han metido.

El sargento negro, un hombre duro y despiadado, acaricia, de manera burlona, el cráneo del recluta, y se dirige a la tropa:

-Así es como os vais a ver durante unas semanas; veréis el cachondeo de las chicas del pueblo, capullos.

EL MURO (DUVAR)
Nacionalidad: (turca) (año 1983)

La vida para los presos confinados en esta cárcel turca es realmente complicada. Existe una sección especial en la que menores de edad cumplen condena, a modo de un reformatorio. Uno de los castigos más habituales era rapar al a los reclusos. Siempre se utilizan maquinillas manuales; tengamos en cuenta que en aquel lugar todo era muy rudimentario.

Uno de los presos es un hombre mayor que luce melena blanca y larga barba. Ha debido protestar más de la cuenta y el alcaide decide corregirle severamente:

-Aquí, por respeto a tu edad hemos sido indulgentes con tus cabellos, con tu barba y hemos cometido un gran error… Rapádmelo al cero y al agujero con él.

En la siguiente secuencia, podemos ver al preso cubierto por una inmensa capa blanca. Un barbero, que viste bata blanca, le pasa la maquinilla del número uno por la frente. El castigo se realiza en un patio, tiene carácter público. Varios reclusos contemplan la escena, algunos de ellos sienten la afrenta como propia.

El mismo barbero aparece en algunas escenas, un poco de refilón, cortando el pelo a los chicos del reformatorio. Como única herramienta emplea las temidas maquinillas manuales.

A otros presos les castigan por pedir al doctor que les proporcione barbitúricos. El alcaide recurre al mismo correctivo de siempre:

-Rapadme a estos guarros, a todos. Yo pasaré revista, lleváoslos.

En otra de las secuencias, el barbero se despacha a gusto con unos pobres niños. Al primero le ha cortado el pelo al tres, no se le clarea para nada la cabeza. Sin embargo, con el siguiente chico, la cosa pasa a mayores:
le mete por la frente una maquinilla del número dos; a éste sí se le ven las ideas

PORKYS 2: AL DÍA SIGUIENTE
Nacionalidad: estadounidense (año 1983).

Una banda de del Ku Klux Klan, formada por "respetables" caballeros, han rapado al cero a un joven indio por lucir una melena poco ortodoxa; en realidad, no se ve nada de esto, solo se insinúa. Los muchachos protagonistas de la historia, bastante gamberros, deciden vengarse por la afrenta. Los miembros de esta sociedad secreta americana son conducidos, con engaños, al interior de un pabellón deportivo que permanece a oscuras.

Cuando se encienden las luces, se encuentran con una gran cantidad de "pieles rojas", ocupando las gradas, dispuestos a tomarse la justicia por su mano. A uno de los jefes del clan le obligan a sentarse en un magnífico sillón de barbero, forrado en piel gris, y le amenazan con realizarle una operación de fimosis. Como cirujano han escogido a un joven judío, que también ejerce como barbero. Será él quien les corte el prepucio, utilizando el instrumental especial que se emplea en la ceremonia de la circuncisión. Además, para que prueben su propia medicina, les rasurará el cráneo.

En la siguiente escena, aparecen todos los miembros del Ku Klux Klan completamente desnudos y con los cráneos rapados. Les obligan a acudir a una multitudinaria reunión religiosa, presidida por un predicador que también pertenecía a la misma sociedad secreta. Este fanático religioso, lanza desde la tribuna un encendido mensaje de salvación a sus cientos de seguidores. Cuando los asistentes se percatan de que en aquel recinto sagrado se habían colado unos caballeros maduros, completamente desnudos y con las cabezas afeitadas como bombillas, el escándalo está servido. El predicador arremete contra los que el denomina como "los hijos de Satán".




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