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Mi herradura by Peluquero Azcorra
Hace no mucho quedé en deuda con mi amigo Gerardo, el cual es un fanático de los cortes de cabello. Le ofrecà pagar las bebidas de una noche o incluso invitarle un pequeño viaje, pero el se negaba. QuerÃa mi cabello
No sé porque pero siempre me ha llamado la atención sentirme obligado a un corte. Asà que me decidà a hacerlo, me puse de acuerdo con mi amigo Gerardo. Lo único que el debÃa hacer era pedirme un corte militar, lo que el decidiera serÃa extra. Incluso ya me habÃa hecho a la idea de que seguramente me mandarÃa afeitar por completo la cabeza. Antes de ir a la peluquerÃa nos vimos y platicamos un poco. No tardó mucho en mostrar cuanto estaba disfrutando el momento.
Me dijo: listo para tu nueva imagen?, te va a gustar. Te tengo algo muy especial. Si quieres arrepentirte es tu última oportunidad. Si llegamos a la peluquerÃa te tendrás que someter al corte. Acepté sin miramientos.
Llegamos a una peluquerÃa antigua, cerca de un ex colegio militar. El local se veÃa que habÃa tenido mucho mejores épocas. Las paredes eran de un azul muy claro, casi blanco, el mobiliario se veÃa viejo pero no descuidado. Estaban los sillones de piel frente a los espejos y un sillón de esponja con desgaste obvio como lugar de espera.
El peluquero era un hombre de unos 40 años, el cabello lo llevaba rapado al 3 arriba y al 2 a los costados. Nos recibió sentado en uno de los sillones mientras sostenÃa una revista que por los chismes de la portada se ve que tenÃa unos 10 años de antigüedad. Nos dió la bienvenida y nos preguntó quién iba por el corte.
Gerardo sin titubear indicó que me tocaba ser esquilado, como un pequeño castigo que tenÃamos pendiente. El peluquero rÃo y preguntó, supongo que para socializar, que si se trataba de una apuesta perdida. Gerardo dijo que no, pero que igual me tocaba un buen cambio.
Me subà a la silla, me pusieron la capa con rayas blancas y rojas. El peluquero me miró un poco y me mencionó con algo que intentaba ser lastima, pero sin duda era un buen disfrute. Ni modo, te toca pelearte. Se dirigió a Gerardo y le preguntó.
¿A qué número lo rapamos? Para entonces ya imaginaba mi cabeza calva y brillosa. Gerardo dijo no. No lo va a rapar. Lo quiero ver con un corte militar. Ponga atención:
Le va a hacer un tapaplana lo más corto que pueda, de atrás y los lados lo afeita totalmente. De arriba que no sea más que lo absolutamente necesario para que se vea la forma.
El peluquero exclamó extrañado:
Vaya, esa será una pelada militar de manual. Entonces que quede pelón y con casi nada de cabello arriba. Lo empezamos a trabajar.
Tomó la máquina al 000 y me la empezó a pasar por atrás, sentà como me rapaba totalmente hasta la coronilla. Era una sensación brutal. No tardó mucho en rapar por completo mi nuca. Se pasó a mi lado izquierdo y fue cuando me empecé a sentir nervioso. Vi que metÃa la máquina poco arriba de mi sien. Estaba totalmente blanco por dónde pasaba la máquina me pelo todo lo que pudo. Yo ya estaba rapado al 0 excepto por la parte de arriba que estaba bastante larga en comparación. El peluquero agarró un peine a unos pocos centÃmetros arriba de mi frente y pasó la máquina. Mi cabello o lo que quedaba de él, se vio bruscamente cortado. Continuó haciendo el diseño y yo veÃa como cada vez tenÃa menos cabello y como los mechones llegaban al piso, después de que pasaran la máquina.
En unos minutos estaba rapado con un cabello que parecÃa cepillo por lo corto. El peluquero le pregunto a Gerardo si el corte estaba bien asÃ.
Pero algo no le convencÃa del todo. Primero le pidió afeitarme. Sentà la espuma en casi toda la cabeza y sentà resignado la afeitada de cráneo parcial. Una vez que acabó Gerardo tuvo otra petición...
Arriba está muy largo, déjelo más pelón, me volvieron a pasar la máquina sobre el peine ahora más pegado a mi cabeza. Se comenzó a asomar la lÃnea para la herradura y Gerardo como detalle, pidió que me la marcaran bien y que también fuera afeitada. Yo no querÃa una pista de aterrizaje en mi cabeza, pero me tuve que aguantar ver cómo me pasaban la 000 justo en medio y después sentir de nuevo la espuma caliente. Cuando acabé de ser rasurado Gerardo se acercó y me pasó la mano varias veces por mi corte de herradura, asegurándose de que estuviera bien pelado. Acabamos el corte y me llevó a mostrarlo por todo el centro. A la gente le llamaba la atención y también querÃan tocarlo. Yo me sentÃa algo incómodo pero muy excitado. Gerardo se dió cuenta y me dijo, te quito ese corte de cabello con una condición...
Le pregunté cuál era, me respondió que tenÃa que aceptar en ese momento sin conocerla o quedarme con la herradura. Me sentÃa muy incómodo con el corte, asà que acepté. Llegamos de nuevo a la peluquerÃa y él pidió al mismo peluquero que me afeitara totalmente. Recibà mi segunda pelada del dÃa y una vez que estuve rapado...
Gerardo me dijo la condición... Muy bien, no quisiste el corte, tendrás que estar asà de pelón, como ahorita 6 meses. Sin usar gorras y para cuando te lo dejes crecer será con herradura. Pues bueno, ya me estoy acostumbrando a las rapadas semanales y Gerardo no pierde la ocasión de tocarme la cabeza
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