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Cronica de una desobediencia by jenrique


Pablo bajó las escaleras para ir a desayunar a la cocina. Era temprano pero necesitaba terminar una tarea para llevar al colegio esa misma tarde.
Tenia 16 años, cursaba el 4° año de la escuela secundaria y su rendimiento escolar habia desmejorado pues se habia puesto un poco rebelde contra las normas de la escuela.

Mientras bajaba a la cocina le pareció escuchar la voz de su padre.
Le resultó extraño porque , para esa hora ya deberia estar en el negocio de ferreteria que atendia junto a su socio.

La relación entre Pablo y su padre habia entrado en un terreno pantanoso durante los 10 dias anteriores.

Su padre era muy estricto , sobre todo con la apariencia que mostraba su hijo, en especial con el cabello.
Esos últimos 10 días le habia ordenado que se lo cortara pero Pablo parecia no tener la menor intención de darle el gusto a su padre.

Entró en la cocina y todos estaban ya ubicados. Su madre y su hermana mayor en los laterales y su padre, que leia el periódico mientras bebia su café,en una de las cabeceras.
Casi como una jugada siniestra del destino, Pablo ocupó la cabecera frente a su padre.
El muchacho dio los buenos dias pero solo recibió la devolución de su madre y de su hermana. Imaginó que el humor del padre, ese día, no era el mejor.

Bajó y dobló el diario, dio un sorbo de café, lo miro fijo, y lanzó el ataque :

- Escucheme- le dijo con firmeza, - Yo no sé si Ud.me está tomando como a uno de sus amigos o es el pelo sobre las orejas lo que lo ha vuelto sordo. Hace más de una semana que le vengo diciendo que se corte el pelo, pero parece que el caballero no respeta las órdenes de su padre. Hoy no he ido al negocio, como verá, porque he tomado la decision de tomar al toro por las astas. Ahora mismo se va a la peluqueria pero a cortar el pelo bien cortito, nada de esos arreglos que le dan en su "salón" y donde paga una fortuna por nada.....me oyó?-

Pablo buscó la excusa del trabajo para el colegio y prometió, por la tarde ir a cortarse el pelo. De nada sirvió. Su padre tenia respuestas para todo.

- No señor, el trabajo lo puede hacer cuando vuelva y el tema de que irá por la tarde a cumplir la orden, se imaginara que no se lo creo.
Ud aún no es mayor de edad y las reglas en la casa las pongo yo. Asi que, termine su desayuno que yo mismo lo voy a llevar a la peluquería de Don Oscar.-

A Pablo se le heló la sangre. Su madre no quiso entrar en la conversación porque supo que terminaria en discusión, y su hermana se tapó la boca escondiendo una sonrisa morbosa.

Pablo estiró su desayuno todo lo que pudo. Volvió a la carga con su excusa del colegio acerca de que no tendria tiempo de terminarlo. Su padre, ya más tranquilo porque tenia la situación controlada, le dijo:

- Quedese tranquilo que el peluquero no va a tardar más de 15 minutos en pelarlo.-

Pablo se puso blanco. Estaba perdido.

Don Oscar era el viejo peluquero del barrio donde su padre lo llevaba cuando él era niño.
Despues fue su madre quien le recortaba el cabello hasta que empezó a visitar el salon unisex donde solo recibia ajustes en su cabello.
Ahora debia volver al viejo "verdugo".

Después del desayuno salieron. La madre lo miró con indulgencia. Sabía cual era el final del cuento.

La peluqueria estaba en la esquina, así que no hubo tiempo de dirigirse la palabra entre ambos.
Los ventanales del local daban a las dos calles de la ochava y, al estar desprovistos de cortinas , se podia ver perfectalmente el interior. Los propios transeúntes que circulaban tenian una perfecta visión de lo que sucedia adentro.

Un solo sillón de barbero antiguo, frente a un mueble de madera oscura era el principal mobilialrio. Unas sillas de madera contra la pared opuesta hacía las veces de sala de espera.
En un rincón el típico perchero de pared y la mesita baja con revistas tan viejas como el local. En el otro rincon estaba la sillita alta para niños que Pablo aborrecia.

El peluquero ya habia pasado los 60 años largos. Lucía la clásica chaqueta blanca abotonada a un costado, gafas de marco dorado y el cabello cortado casi al rape.

El padre abrió la puerta de madera barnizada con la parte superior con vidrio repartido, y casi lo empujó adentro. Saludó y recibió el saludo de las tres personas que habia en el local: el peluquero, el cliente que ocupaba el sillon y otro señor mayor que esperaba su turno.

- ¿ qué hacés José por acá? Hace poco que viniste.- dijo el peluquero al padre.

- Hoy le traigo un nuevo cliente, Don Oscar.- respondio el padre con una sonrisa.

- ¿ Como te va Pablito ? ¿ Te echaron de tu peluqueria?- dijo con sorna el viejo.

- Parece que se quiere cortar el pelo como un hombre, ahora.- todos rieron la gracia.

- Bueno, esperame un cachito que termino este corte, después pelo al señor y estoy con vos.- aclaró el peluquero.


Terminó el primer corte e invitó a la silla cromada de cuero negro y apoyabrazos de porcelana blanca, al otro cliente.
Lo capeo y no hubo instrucciones. Lo rapó en 15 minutos.
Pablo veia con estupor como la maquinita se habia llevado la cabellera del cliente.
Terminó de emprolijarle el corte afeitandole los bordes con la navaja barbera, lo cepillo y le quitó la capa.
Mientras el peluquero sacudia la tela con fuerza, miró a Pablo y le dijo:

- Sos el proximo, che, sentate.-

El muchacho recorrió el camino entre la silla de espera y el sillon de torturas lentamente, acompañado por su padre.
El peluquero le dio vuelo a la tela blanca de algodón y lo cubrió por completo ajustandola con fuerza por detras. Le puso , debajo de la nuca, un paño menor , también blanco, y se lo dobló hacia adentro.
Pablo quedó de frente al espejo esperando lo peor.

Don Oscar se tomó tiempo para barrer las pelambres al pie del sillon de los clientes anteriores. Los pelos terminaron en un bote de basura.
El muchacho veia toda la accion e imaginaba a su melena en el mismo lugar.


El peluquero tomo de los hombros a Pablo y le preguntó como queria que se lo cortara.

El padre tomó la palabra:

- No, Don Oscar, hoy el jovencito no decide. Hace mas de una semana que me esta esquivando y no cumple mi orden así que , este corte lo decido yo.-

El peluquero quedó callado por un momento.

- Bueno José, vos dirás como le cortamos el pelo al mozo.-

- Quiero que me lo pele al CERO. La nuca y los costados bien subida la maquinita y arriba cortito pero con tijera porque si no va a llorar como cuando era chico y no quiero escandalos.-

Don Oscar miró al muchacho a través del espejo mientras le acariciaba la melena que en minutos iba a podar sin misericordia.

Pablo intentó un ultimo recurso:

- No, con la cero no....yo me lo voy a cortar mas seguido, pero la máquina no.- dijo suplicante.

- Callese la boca y quedese quietito asi Don Oscar hace lo que tiene que hacer.- fue la tajante respuesta.

El padre se acomodó en una silla para presenciar y controlar la esquila.

Con el peine y la tijera que se dejaban ver en el bolsillito superior de la chaqueta empezó a devastar el pelo abundante de la parte de arriba de la cabeza del muchacho.
Levantaba grandes mechones y cortaba todo lo que sobresalia de los dientes del peine.
Una nube de pelo se producia al caer sobre los hombros y sobre la tela blanca.
Los ojos de Pablo presagiaban el llanto que , él mismo, trataba de evitar.

El peluquero, con una velocidad impropia de su edad, seguia despoblando la parte superior.
Ya casi tenia el pelo a dos centimetros de su cuero cabelludo.
Le cortó los laterales dejando sus orejas expuestas haciendo grandes arcos sobre ellas.

Cuando terminó con esta tarea le cepillo la cabeza con el cepillo de madera y cerdas blancas.
El pelo de los hombros lo envió al regazo donde ya se habia acumulado una gran cantidad de cabello cercenado por la terrible tijera.

Le desajusto la tela y toda la mata de pelo cayó al pie del sillón.
Le volvió a anudar la capa y lo dejó de frente al espejo para que vea la transformación, mientras barria y juntaba en una palita lo que habia sido, hacia unos minutos , la melena del muchacho.

Volvió al mueble y de un cajoncito sacó la maquinita del CERO. Le ajustó el tornillo y se dirigio a la espalda de Pablo haciendola funcionar en el aire.
Se la mostró al padre y le dijo con sarcasmo:

- Bueno, entonces vamos al CERO ?-

La respuesta no se hizo esperar : - bien subida, Don Oscar-

El padre se sentía victorioso y el peluquero más que ávido de dejar esa nuca al ras.

Le bajó con fuerza la cabeza y con la mano izquierda sosteniendola con firmeza, le enterró el cabezal de la máquina debajo de los 2 o 3 centimetros de pelo que caian sobre la tela.

Empezó a subirla con movimientos rápidos de su puño y casi al instante la maquinilla se dejó ver con su cabezal con el pelo cortado de raiz rumbo a la coronilla.
Con pequeños movimientos de su muñeca el peluquero se deshacia del pelo juntado por la herramienta para seguir hacia la cima.

El blanco del cuero cabelludo apareció despues de la primera pasada.
Volvió a la base de la nuca en otra franja junto a la anterior.

Don Oscar estaba disfrutando de esa rapada y el padre sonreia maliciosamente ante cada pasada de la máquina.

Celebrando el triunfo de ver a su hijo
siendo pelado como queria, intentó una broma:

- ¿ Qué cortecito a la moda, Don Oscar

- Lo tenia bastante largo, eh? Ahora va a parecer un hombre de verdad.- dijo el peluquero con una sonrisa mientras seguia pasandole la CERO.

Ya Pablo tenia la nuca al ras, no obstante el peluquero seguia subiendo y bajando la cortapelos.

Le inclinó la cabeza hacia un lado y lo peló detras de la oreja y luego sobre ella hasta casi la parte de arriba de la cabeza, remarcando los arcos con la maquinilla.
La patilla desapareció en un segundo hasta llegar hasta la sien. Le dio otra pasada a ese lateral y, girando el sillón, hizo lo propio con el otro.

Ahora Pablo estaba, cara a cara, con su padre, quien no dudó en crearle más angustia:

- ¿ Ve como quedó por no hacer caso?,
espero que aprenda lo que es el respeto por su padre. Se le acabó el "saloncito ese ", a partir de ahora, el tiempo que considere Don Oscar, va a volver a este sillon para que lo pele igual que ahora, hasta que sea mayor de edad, ¿ Está claro? - le dijo sermoneandolo.

El peluquero volvió el sillon de frente al espejo y le recortó un poco mas la parte de arriba para que no desentonase con la rapada de abajo.
Le dio una pasadita más con la maquinita, y por fin le dio descanso.

Preparo un poco de espuma de jabón en una tacita de cerámica y, con una brocha, le enjabono todo el borde del corte.
Templo la navaja en un cuero y le rasuró toda la zona.
Le sacó el excedente de jabon con una toalla , le peino lo que quedaba de arriba, le dio una buena entalcada en la nuca y lo cepillo quitandole los pelitos rebeldes.

Le mostró primero el corte al padre, que por supuesto aprobó lleno de gozo y luego, con el espejito de mano desde distintos angulos le hizo ver a Pablo el pelado que le habia metido.

Pablo se quebró. No podia creer que en 20 minutos haya pasado de esa melenita que tanto cuidaba a este pelado brutal.

El peluquero le sacó la tela blanca y el muchacho bajó derrotado del sillon.



- Te espero en 40 dias para el proximo corte que será más facil porque traeras el pelo mas corto que hoy.- aconsejó el peluquero.

- Pongale la firma que aqui estará, y si no, lo vuelvo a traer yo pero entonces la cosa será peor.- dijo el padre, amenazante.



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