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Tradición by ilhcts


La gran parte de las historias que escribí son parte de mis anécdotas como barbero, pero estos días estuve recordando, al leer otras historias, que no siempre fui barbero con un salón donde los cortes y las experiencias van llegando. Antes de eso ya mi adicción por cortar el cabello era muy fuerte y tenía que lograr como fuese conseguir alguna cabeza que se entregara en mis manos. He inventado cientos de formas y muchas exitosas de lograr algún corte, y cuanto mas forzado, mas placentera la experiencia.
A los 14 años, luego que terminara de cortarme el pelo, le pedí a mi peluquero quedarme toda una tarde viendo como cortaba, y no le molestó en absoluto. A la siguiente tarde acompañé a un amigo a cortarse, y lo hice otra vez, pedí quedarme y estuvo horas en la peluquería deleitándome con los cortes. Al final del dia el peluquero me dice, si vas a estar todo el día aquí, al menos puedes barrer? Obvio que vi allí la oportunidad de mi vida, y seguí yendo todos los días, hasta que me convertí en su ayudante y luego también barbero.
Para cuando terminé la secundaria, a mis 17 años y medio, fui a vivir a la ciudad, pues era de un pequeño pueblo, para estudiar en la universidad.
Para contar la historia que sigue, tengo que introducirlos en lo que era en el año 1988 el servicio militar obligatorio. Seguro todos saben lo que era, pero lo que tiene que ver conmigo y esta historia, es que en la ciudad donde estaba, La Plata, y en casi todo el país, la tradición que yo desconocía por ser de un pueblo, consistía en que el dia 31 de mayo, oficialmente se sorteaba quienes eran los que cumpliendo 18 años, harían el servicio militar el próximo año, y quienes quedaban exceptuados. Todos los jóvenes de mi edad, estaban desde la mañana, en sus colegios los que no habían terminado la secundaria, con una radio en la oreja, escuchando el sorteo, hasta que decían su número. He aquí lo que yo no sabía y descubrí de una manera que me voló la cabeza durante mucho tiempo: Quienes tenían la mala suerte de recibir en el sorteo un número alto, que significaba que debía hacer el servicio militar el año próximo, recibirían en la incorporación al ejército la característica rapada de soldado. Quienes alegremente tenían un numero bajo, quedaban exceptuados y no harían el servicio militar. Inmediatamente expresaban un grito de alegría, todos sus compañeros, debidamente preparados, le saltaban encima y le cortaban todo su pelo. Como yo estaba en una ciudad donde no conocía demasiada gente, no dije a nadie que sería sorteado ese año y estuve solo esperando mi número, fue bajo, exceptuado, me salve del servicio militar y también de la pelada, pues nadie lo supo, en realidad, ni yo sabía que existía esa tradición. Esa misma tarde, fui al baño donde estaba cursando, y para mi locura, encuentro grandes montones de pelo por todos lados. Ya estaba demasiado excitado, pero sin saber que pasaba, cuando en la calle, por todos lados seguía encontrando montones de cabello y luego comencé a ver muchos chicos de mi edad, con gorritos o con la cabeza ultra rasurada. Imaginaran mi grado de excitación cuando me contaron de esa bendita tradición, no podía creer como había pasado mi vida sin saber de ello. Esto significaba que todo ser varón de 17 años tenía su cabellera con los días contados. Algunos todavía usaban pelo muy largo y era el placer de los padres esperar a los 18 años, y que esas cabelleras tuvieran los días contados. No había quien se salvase, o los amigos te pelaban o se encargaban los militares. Si a alguien le interesa ver un video que documenta este episodio real en youtube, me lo puede pedir. Se ve muchos jóvenes con muuucho cabello esperar su sorteo, gritar de alegría y al instante perder todo su cabello en manos de sus amigos.
Estuve varias noches sin dormir, obsesionado con esta nueva tradición que era lo que mas me excitaba, sin saber que la vida me daría varias emociones con eso. El fin de semana fui invitado por un compañero a su casa, su hermano tocaba en una banda y tendrían el sábado por la noche una presentación. En la casa de este amigo, conozco a su hermano, apenas un año mayor que él, hermoso chico y con una melena pasando sus hombros, me atreví a peguntar su edad, porque mi cabeza solo pensaba en si era mucho mayor que mi amigo y ya había atravesado la edad de pelarse. Casi me caigo cuando me dijo que tenia 18 años y que había resultado libre para el servicio militar. Solo que no entendí porque entonces todavía tenia todo ese pelo largo en su cabeza, pero no me atreví a preguntar nada mas. Por la noche terminado el show, al que fui con mi amigo y otro vecino, vamos por detrás del escenario y vemos todo un tumulto cuando los que tocaron comenzaron a bajar, en la zona de las escaleras. Mi compañero dijo: ahí lo agarran a mi hermano, y salió corriendo y se perdió entre el tumulto. El otro amigo que nos acompañaba, me mira y me dice: lo están pelando a Alberto, hasta acá llegó, creía que se había librado de sus compañeros porque no fue a la escuela, pero aquí lo van a esquilar. Mi mundo se encendió y como pude me metí entre los que rodeaban a la víctima, que me mira con ganas de llorar y me dice: mi hermano dijo que sabes cortar el pelo, me puedes arreglar esto? El desastre estaba hecho, no había nada mas que cortar para mi decepción, pero pude rasurarle la cabeza completa, como premio consuelo. Igualmente fue mi primer acercamiento a una experiencia real con esta tradición. Cuando regresábamos, el vecino que nos acompañó me dice: me gusta el pelo largo, como lo tengo, y no me lo pienso cortar mas, pero el año que viene me toca a mi el sorteo y estoy pensando en irme muy lejos, para que no me pase esto. No quiero que me pelen, estoy aterrado, vivo una pesadilla y ya esta muy cerca, solo me queda un año.
No podía mas de la exitación de escuchar a este hermoso de pelo suave, apenas ondeado y con una melena de unos 20 cms de largo, sufriendo por la tradición que haría que la pierda. No pude perder la oportunidad de ver lo que sucedería en un año, asi que busque la manera de relacionarme, y tuvimos una buena amistad durante todo el año. Nos encontramos muchas veces para salir y tomar algo, y nunca mas se habló del tema, pero yo no perdía de vista como crecía esa melena y cuál sería su final en breve.
El dia llegó y no podía esperar a que me hablara por teléfono y me dijera cual seria su destino. Obviamente no fue al colegio ese dia, por si acaso pudiera salvarse, y esperó el sorteo en su casa. Resultado, exceptuado. Feliz por eso pero ya sufriendo la angustia de su destino inminente, sería pelado.
El fin de semana coincidia con el cumpleaños de un amigo, excelente excusa para ir de visita. Sufrí todos los minutos hasta llegar, pues tenia miedo que lo raparan antes de que hubiese llegado. También pensé que no iría a la fiesta, por eso me aseguré de ir a su casa e insistir, ya que estaba ahí y que no me dejar solo y todas las excusas posibles. Dijo que sentía mal, que tenia mucho dolor de estómago y cuando creí que perdía mi oportunidad por la que esperé todo el año, accedió a ir a la fiesta aunque de mala gana. Cuando llegamos todos me felicitaban por haberlo llevado y me mostraban escondidas debajo de sus mangas, tijeras preparadas para la esquila. Hernán estaba sentado en un rincón donde nadie podía acercársele de sorpresa por detrás, y se notaba su desesperación y que todas las miradas estaban sobre su melena y su inminente sacrificio. Como no se movía de ahí, me dijeron que buscase una excusa para sacarlo al patio. Me acerqué a preguntarle que le pasaba y me dice: estoy muy nervioso, me duele el estómago, tengo mucho miedo de que me corten el pelo. Me excitó tanto su sufrimiento, un poco sádico de mi parte, pero acepto lo que me toca. Le dije que había visto en el patio unas hierbas con las que le podía hacer un té para que se calmara, que viniese conmigo a buscarla y luego pediría permiso en la cocina para hacerle el té.
El pobre, casi entregado a lo que le venía, salió detrás de mí y en la oscuridad del patio, estaban todos los asaltantes con sus tijeras, lo rodearon y cuando empezaron la masacre, yo gritaba, tengan cuidado no lo lastimen, y al mismo tiempo saque mis tijeras y comencé a cortar grandes mechones de pelo, los mas que podía. Cuando ya no había mas que cortar, me abrazó en la oscuridad creyendo que yo fui quien lo defendía, nunca vio que fui el que mas cortó, y llorando me pidió ir a su casa, a que terminara de rasurarlo por completo con la 00000, pues no había mas que hacer. Pelarlo por completo mientras lloraba, mucho, me dio realmente un poco de pena, pero fue a la ves muy muy excitante.
Al año siguiente cambié de universidad y fui a vivir a Lomas de Zamora. Para sostenerme comencé a hacer peluquería infantil a domicilio. Una familia de amigos me recomienda a otra, que tenían 4 hijos varones, 2 niños, a los que fui a cortarles, y 2 adolescente de 15 y 17 años.
Fui varias veces a la casa a cortarle a los pequeños y los adolescentes no tenían interés en mis servicios. No recuerdo como, pero el mayor, Esteban, se acercó a hablar y nos hicimos bastante amigos, nos veíamos muy seguido y para mi morbo, En pocos meses sería la próxima víctima, aunque en este caso, la historia fue al revés. Esteban tenía el cabello muy suave, lizo y con ondas al final, pasando por mucho sus orejas y tocando su espalda. Cada ves que su madre le decía si no quería cortarse un poco, el respondía: para que si ya viene el sorteo y me van a pelar todo. Resultado del sorteo, para mi decepción, numero alto, debe realizar el servicio militar. Intenté convencerlo que no le iría bien ingresar con el pelo tan largo, pero no le importaba, decía siempre: que me pelen en el servicio militar, gratis.
Ya veía perdida mi causa y esa cabellera en manos de algún soldado inexperto, cuando un día su mamá me llama para cortarle a sus hermanitos y me dice: tenemos una fiesta familiar, el aniversario de los abuelos, y el papá de esteban quiere que se corte un poco el pelo, no puede ir así a la fiesta. Por favor, a ti te escucha, convéncelo de cortarle un poco el pelo.
Lo invité a casa esa tarde y tenía todo preparado, le insistí en el deseo de su padre y que solo le cortaría un poco y muy a regañadientes, aceptó. Se sentó frente a mi espejo, le puse una capa y dijo literalmente: NOOO, que estoy haciendo?? Para que vine esta tarde? Yo sabía que ibas a querer cortarme el pelo!!! Hizo un esfuerzo por levantarse, y por primera vez en mi vida, forcé un poco a alguien y lo tomé por los hombros y le dije: Ya está, es por tu papá, resígnate, los militares o yo. Antes de que se arrepienta y se vaya, tome un mechón largo de su frente y lo corté muuuy corto, soltó una lagrima y se dejó llevar. Le corté con tijeras todo y cuando estaba por terminar me dice: ahora ya me podés rapar, no me dejaste nada. Y tuve que acceder… lo pelé con la 1 en toda la cabeza.
Sus padres me amaron y Esteban no me volvió a hablar.




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