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Como policía by Juan Pablo
La semana pasado me decidà a concursar en el Poder Judicial. Para eso necesitaba sacar el certificado de buena conducta y por eso me dirigà a Jefatura de PolicÃa.
Es un trámite bastante molesto por el tiempo que lleva pero era la excusa para ir a conocer el lugar, que sabÃa estarÃa lleno de agentes con el pelo bien corto, algo que me llama la atención desde chico.
Llegué al lugar y tuve que caminar unos cuantos metros para llegar a la oficina donde entregaban dicho certificado. Alrededor de la oficina habÃa muchas dependencias y sectores donde los policÃas entrenan y se forman. Me llamó la atención dar unas vueltas para conocer el lugar una vez que habÃa terminado el trámite.
Me daba cierto morbo ver y recorrer ese mundillo, quizás la autoridad, los uniformes y esa formación militarizada alimentaba mi deseo de pertenecer a un lugar asÃ.
Recorriendo el lugar me enfrenté con una pintada en una pared. Con muy poca prolijidad y una brocha gorda habÃan escrito con pintura negra "peluqueria". Necesitaba conocer ese lugar. Ya desde afuera se veÃa no solo oscura sino también sucia y muy precaria. Una cortina plástica colgaba de la puerta y me generaba ganas de descubrir todos los detalles que ocultaba. Pensé: "este es el momento". Pronto empezarÃa el calor del verano y un corte de pelo no vendrÃa mal pero nunca me habÃa hecho un corte tan corto.
Entré y el peluquero estaba trabajando sobre la cabeza de un policÃa joven. El peluquero llevaba una chaqueta blanca algo descuidada. Las paredes estaban llenas de fotos de mujeres desnudas y de equipos de futbol argentino. Era todo un ambiente muy masculino ambientado con cierto olor a humedad. Pregunté si la peluquerÃa era solo para policÃas y me dijo que no, que me sentara que ya me atendÃa. No estaba muy seguro de quedarme pero habÃa sido tan imperativo que le hice caso.
Al rato llegó otro policÃa y le preguntó si tenÃa para mucho tiempo. El peluquero me miró y dijo: "sigue el pibe y después te atiendo". Se sentó al lado mÃo y eso me generó algo de presión. Seguia yo antes que él. Pensé en cederle el lugar para quedar solo en el local con el peluquero en caso que me arrepienta del corte que estaba por pedir. Pero decidà hace oÃdos sordos a mi inseguridad. El policÃa a mi lado me pregunto que hacia en ese lugar a lo que yo respindi mostrando el certificado que llevaba en la mano.
Inmediatamente se dio cuenta que era mi primera vez en esa peluquerÃa, sobre todo porque debo haber mirado cada pared de ese lugar con mucho asombro.
Enseguida se dirijió al peluquero y me dio el.pie que necesutaba: "Carlitos, acá tenés uno para hacerle el debut jaja".
El peluquero terminando con el cliente que atendÃa me desafÃo diciendo: "hay que ver si se anima". Su sonrisa sobradora me hizo querer saber más por lo que pregunté como era el debut.
Despidió al policÃa y me hizo sentar en el sillón. El cuero del asiento todo resquebrajado y los apoyabrazos despintados demostraban que se trataba de un sillón con mucha historia encima. Y la mÃa pasarÃa a ser una más.
Me coloco la capa blanca y me explico que el debut era el corte para los ingresantes. Sin más explicaciones y hablándome por el reflejo del espejo ya oxidado me preguntó si lo hacÃa.
El policÃa que esperaba arengó para que lo haga y sin pensarlo demasiado acepté.
Lo dejé trabajar sin más preguntas. Me quedé callado como si alguien me impidiera hablar hasta que el corte estuviera terminado. Agarró la máquina sin ponerle ningún peine la pasó con ganas por el frente de mi cabeza. Al rato pude ver una franja de mi cabeza rapada pero no me permità siquiera demostrar sorpresa. Me puse muy serio como para soportar la situación aunque estaba muy arrepentido de perder todo mi pelo rubio y ondulado.
Pensé que me lo merecia después de tanto tiempo de escaparle a un corte asÃ. Cuando ya estaba todo pelado puso crema con sus manos y con una navaja dejó la piel sin un pelo. Se sentÃa muy raro. Mi cabeza afeitada brillaba como algo que no podÃa dejar de ver.
Cuando terminó me sacó la capa preguntando si me gustaba a lo que yo solo me permità y a modo de chiste, responder con un fuerte "Si, señor!!"