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Castigado by esquivo


Cuando nuestro peluquero Don Martinez se jubiló , mi viejo rápidamente encontró nueva peluquería para ambos. Yo tenía 9 años y se iba terminando la década del ´60.
Ya se veían algunos jóvenes con el cabello bastante crecido siguiendo la moda que estaba imponiéndose y que mi padre no veía nada bien , motivo por el cual la elección de nuevo peluquero recayó en un señor regordete, de unos 60 años, que regenteaba la PELUQUERÍA ACUÑA.

La primera "visita" recuerdo que la hicimos juntos. Era la presentación como nuevos clientes.
Salimos los dos con la clásica "americana" , como cuando nos pelaba el viejo Martínez.
Mientras me estaba cortando el pelo de la nuca con la maquinita del "cero", mi padre, le dijo al peluquero que mi próximo corte sería en menos de dos meses pero que yo iría solo y que el "estilo de corte" ya quedaba acordado de esa manera.

Cuando llegamos a casa, como lo hacía siempre, mi viejo me hizo marcar en el almanaque de la cocina el día ese en que me habían cortado con un círculo en azul y , 40 días después el día de mi próximo corte , con rojo. Me dijo que era para que yo fuera responsable y, sin chistar, volviera a la peluquería pero que, de todos modos, él o mi vieja iban a estar atentos.

Yo vivía pendiente de ese almanaque como si fuera una tortura. Contaba los días como si fuera un preso.
Cuando entraba en la última semana y veía mi pelo apenas crecido un centímetro o dos ya me agarraba la angustia de saber que , en unos días, iba a estar sentado en la silla del peluquero para la próxima rapada.
Me iba a tocar un miércoles y como iba al colegio a la tarde, el corte era a la mañana y después vendrían las burlas de los compañeros pasándome las manos por la nuca al ras. Un martirio.

El primer corte yendo solo lo cumplí al pie de la letra. Le pedí el dinero a mi mamá y me dijo:

!! Que sea bien cortito, ¿eh? !! No haga que su padre lo tenga que llevar a la nochecita otra vez a pelar, ¿estamos?.- me lo dijo como en tono amenazante. Yo no tenía, como otros chicos, la complicidad de mi madre. Ella también era estricta con ese tema.

Tomé la plata y me fui hecho una pila de nervios a lo del peluquero.Era temprano y en la peluquería no había clientes.
Acuña me saludó con una sonrisa y, mientras acomodaba la sillita de madera humillante, me dijo:

¿ Qué tempranito, che ? Parece que tenés ganas de un corte de pelo.-

En media hora ya me estaba bajando de la silla con mi cabeza pelada, peinado con un jopo engominado y la nuca entalcada, típica señal de que uno está recién peluqueado.
Volvía casi corriendo a mi casa para no cruzarme con ningún conocido y, mucho menos, con algún amigo.

Mi madre inspeccionaba el corte y cuando daba su aprobación , me señalaba el almanaque para que cumpliera con el ritual. A la noche mi padre me miraba la cabeza satisfecho.

Así se fueron repitiendo las visitas al peluquero.

Una vez, ya próximo a otro corte y, tal vez mostrando algo de rebeldía, dejé pasar la fecha al ver que ninguno de los dos se había acordado. Pasaron unos pocos días y durante una de las cenas, mi padre me miró y me dijo:

Oiga. Cuando le toca "peluquería" ? ¿ Me parece a mí o tiene el pelo más largo que otras veces?.-

Me puse rojo de vergüenza. Mi padre algo sospechó y le dijo a mi vieja:

Fijate en el almanaque que día le toca.-

Desde la cocina mi madre respondió:

Tendría que haber ido el martes y hoy es viernes.-

Él me miró con gesto adusto y dijo:

¿ Qué pasó ? ¿ Se olvidó.?
Sí.- le dije bajando la vista.
Bueno , yo mañana tengo que ir a cortarme y Ud viene conmigo, pero ya le aviso que habrá cambios.-

Me sentí realmente mal. Sabía que algún castigo se avecinaba.

Al día siguiente , ya en la peluquería, como pasaba siempre mi padre fue el primero en el sillón y recibió su "americana". Cuando fue mi turno y ya estaba envuelto en la inmensa tela blanca de algodón que tanto odiaba, llegó la indicación:


Don Acuña, acá el jovencito dejó pasar el día de visita así que, ahora, hasta nuevo aviso le va a hacer un corte al rape para refrescarle la memoria.-
¿Qué pasó, che? ¿ Te olvidaste? Ahora te tengo que pelar más que antes. No tenés que olvidarte.


Salimos de la peluquería. Mi padre con su tradicional americana y yo absolutamente pelado. Me hizo pasar la máquina del #00 en la parte trasera y costados , y la #1 por arriba. Una humillación.

Vinieron tres o cuatro cortes más "al rape" hasta que se me "levantó" el castigo y volví a la americana.
Don Acuña me peló, así, como hasta los 16 años, pero nunca más dejé pasar el día que me tocaba "peluquería". Llené unos cuántos almanaques.








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