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DOS PELADOS EN HORAS by granate


El viernes pasado fue el cumpleaños de la hermana de mi novia y se hacía una reunión en la casa de los padres.
Había tenido una semana terrible de laburo lo que me complicó para ir a la peluquería.
Mi novia estuvo toda esa semana recordándome el corte de pelo.
Salí de casa ese viernes un rato antes para ver si conseguía una peluquería abierta. Mi peluquero de siempre, a esa hora, ya había cerrado el local.
Yo sabía que a la vuelta de la casa de ella había una, pero si bien siempre busco peluquerías clásicas, ésta me parecía demasiado pasada en años, entonces traté de ver si encontraba alguna "más modernita".
Unas cuantas cuadras antes de llegar a su casa encontré una de pura casualidad. Estacioné en la puerta y, a través del ventanal vi al peluquero barriendo el local. Me apuré a bajar antes que cerrara.
Al tantear la puerta estaba cerrada, pero al verme el peluquero vino a abrirme y me dijo que ya estaba cerrando. No hubo manera de que me atendiera.
Volví al auto y después de algunas vueltas sin suerte me decidí por la de la vuelta de la casa.
Al irme acercando se veía la vereda iluminada por la luz que salía del interior. Estacioné enfrente del local y , a través del ventanal se veía sin clientes. Dos personas conversaban sentadas en las sillas de espera. Ninguna de las dos tenía la apariencia de ser el peluquero.
Me animé y entré. Saludé y pregunté:

Para cortarme el pelo ¿hay tiempo?.-

Una de las dos personas, mayores ya, se puso de pie y me señaló el sillón.
Mucho no me gustó la forma en que me "invitó" a sentarme.
Me dirigí al sillón y me senté de frente al espejo.
El peluquero descolgó de un perchero de pie la típica sábana blanca de las viejas barberías. La sacudió dos o tres veces en el aire , le dio vuelo y me la pasó por delante, ajustándola con fuerza al cuello. También colocó un paño menor en la base de la nuca. Ya no tenía retorno.
Me dejó capeado mientras se colocaba la bata blanca y seguía la conversación con la otra persona.
En un momento cortó la charla para mirarme por el espejo y hacer la pregunta de rigor:

¿ Cómo lo dejamos?.-
Por lo general acá lo llevo corto con tijera pero me gustaría algo más cortito.- le dije, sacando un brazo fuera de la tela y marcándole con la mano la zona baja de la nuca.

Sin decir nada , giró el sillón y me dejó de espaldas al espejo.
Escuchaba cómo movía las herramientas que estaban sobre el mueble.
Debo reconocer que estaba un poco nervioso.
Desde detrás de mí me preguntó cómo lo quería en la parte de arriba.

Corto, pero con tijera.- le contesté.

Se puso a un costado del sillón y , con peine y tijera, empezó a cortarme la parte de arriba al mismo tiempo que reanudaba la conversación. Estaban hablando de un tercero al que nombraban como Roberto.

Levantaba con el peine mechones de pelo y los cortaba haciendo que cayeran sobre la tela. Cortó en un tiempo que me pareció eterno.. Me descubrió las orejas haciendo arcos sobre ellas. Rebajó bastante las patillas y el pelo de las sienes mientras iba moviéndose alrededor del sillón.

Empezó a rebajarme el pelo de la parte trasera empujando un poco mi cabeza hacia abajo. Otra vez cortó bastante mientras seguían hablando. Parecía como que mi corte había pasado a segundo plano.
Veía bastante pelo sobre la tela e imaginaba otro tanto que caía directamente al piso. Si bien estaba usando tijeras me pareció mucho cabello pero bueno, yo le había pedido más cortito.

Cuando le dió descanso a la tijera me desabrochó la tela, la sacó y la sacudió enviando el pelo cortado al pie del sillón. Yo tenía nuevamente la cabeza erguida cuando me volvió a capear. Me plumereó la parte trasera de la cabeza y los costados como para liberarla del pelo ya cortado. También me entalcó la nuca poniendo polvo sobre las cerdas del cepillito.

Otra vez lo escuchaba manipular sus herramientas. Me ponía nervioso el no poder ver el accionar del peluquero.

Se había hecho un silencio en el ambiente. Quien era mi espectador, ahora leía una revista.
De pronto, y sin esperarlo, sentí sobre la cima de mi cabeza la mano del peluquero tirando mi cabeza hacia abajo hasta que mi mentón chocó con mi pecho. Me agarré fuerte de los brazos del sillón tal vez para descargar mis nervios.
El acero de una maquinilla de mano hizo contacto con la base de mi nuca. Todo esto ocurrió en un segundo. Sentí correr la cortapelos lentamente hasta la mitad de mi cabeza. Ahí me preguntó:

¿Voy hasta media nuca, no?.-
Sí .- le contesté con mi vista enfocada en el blanco de la tela.

Me pasaba la maquinita sin darle descanso. Sólo podía imaginar lo que estaba ocurriendo. Subía y bajaba con ella arrancando mi pelo de raíz.
Quise preguntarle qué número de cuchilla estaba usando, pero no me animé.
Cuando la nuca estuvo lista atacó los costados. Mi cabeza estaba un poco inclinada hacia un costado y me pasó la máquina por detrás de la oreja y cortó cortita mi patilla hasta antes de llegar a la sien.
Ahora sí, para cortar el otro costado giró el sillón y me pude ver en el espejo. Ahí me di cuenta, al ver la patilla casi desaparecida, que estaba usando la "cero". El hecho ya estaba consumado. No había nada que decir.
Ahora veía como me pelaba detrás de la otra oreja y eliminó la otra patilla.

Dejó la máquina y, otra vez con la tijera me cortó un poco más de la parte superior de la nuca rapada. Supuse que iba a eliminar la línea que había dejado la #0. Cortó bastante y también un poco más de la parte de arriba con la tijera dentada. Nunca imaginé que esa tijera arrancara tanto pelo.

Me volvió a limpiar con el cepillito de madera con cerdas blancas.
Lo vi preparando en una tacita metálica espuma de afeitar y con la brocha me pasó el jabón por todo el contorno del corte.
Afiló o templó la navaja barbera en el cuero que colgaba de un brazo del sillón y me rasuró la base de las patillas, arriba de las orejas y siguió hasta abajo contorneando toda la nuca. Para marcarme la línea inferior de la parte trasera me bajó otra vez la cabeza y me la sujetó con firmeza.
Me sacó el excedente de espuma con una toallita de mano y me dio otra entalcada.
Preguntó cómo lo peinaba y sólo le pedí agua. Con un rociador mojó todo el pelo de arriba y lo peinó con raya lateral. Quedaba espantoso. Parecía una foto de 1950.
Llegó el momento más temido. Puso el espejito de mano en mi nuca y me mostró el corte. Estaba pelado hasta la mitad de la cabeza. Hacía tiempo no veía la nuca tan rapada. Había ido más corto de lo que quería, pero bueno, no estaba tan mal.

¿Está bien así o quiere la máquina más arriba?.- me preguntó.
Así está bien .- le dije para que no se entusiasmara.


Me liberó de la tela y me siguió cepillando todo el cuello. Bajé del sillón, pagué y salí.
En el auto lo primero que hice fue despeinar el pelo de arriba. El "jopo" que me había hecho quedaba horrible. Me froté la nuca y me pinchaba la yema de los dedos.
Me fui a la casa de mi suegro. En la puerta ya estaban los coches de mis dos cuñados.
Salió mi novia a atenderme y casi se muere. Me pasaba la mano por la nuca y no lo podía creer ( me excitó sobremanera).
Adentro empezaron las risas de mi suegro y mis cuñados. Me miraban como bicho raro y me inspeccionaban el corte como lo hacía mi viejo cuando yo era niño. Se reían diciendo que era un corte de viejos. Mi suegro, riéndose, me preguntó dónde había ido. Cuando le dije que había ido a la peluquería de la vuelta le agarró un ataque de risa:

El viejo te hizo una media americana.- y se moría de risa.

Yo estaba rojo de vergüenza. Toda la noche siguieron las bromas.
Tanto fue que, el sábado a primera hora me fui a mi peluquero y me hice pasar la cero por toda la nuca, por lo menos para que estuviera un poco más a "la moda". Obvio que mi peluquero también se rió al verme y disfrutó dejándome toda la nuca bien pelada.






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