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Bien cortito by RodriPa


Les voy a contar una historia real, que me pasó hace muy poco.
Tengo un fetiche del cabello. Me encanta ver a mujeres con el pelo hermoso, brilloso, impecable, o cuando recién se lo lavan que les cuelga mojado y desenredado por la espalda. Me dan ganas de pasar mis dedos sobre su pelo, o un peine, o simplemente imagino tener la oportunidad de cortarlo. Sé que a muchos le sucede lo mismo. En cuanto a mí, soy un hombre de 33 años que me cuido mucho mi propio pelo. Me gusta llevarlo de unos 8 a 10cm de largo y que se vea bien, sobre todo que brille, que se vea saludable.

Era un martes y me levanté decidido a cortarme el pelo. Lo tenía muy bien, como siempre, muy sano. Pero estaba más largo de lo común y había perdido la forma. Como todas las mañanas antes de ir al trabajo, me duché y me lavé el pelo a la perfección (dos veces con shampoo y dejando actuar el acondicionador por varios minutos). Después me lo sequé con secador, lo que siempre le dio una luminosidad especial. Se veía tan bien que me daba pena cortarlo, pero ya lo tenía decidido, solo unos centímetros.
Cuando salí del trabajo caminé hacia la peluquería. Fui nervioso e indeciso hasta último momento ya que, justo ese día, dos personas me halagaron el pelo en la oficina, me dijeron lo bien que se veía y hasta me preguntaron qué shampoo usaba. La oficina tiene unas luces que hace que mi pelo brille especialmente. Esta situación me hizo dudar acerca de si debía cortarlo un poco como tenía planeado o si lo seguía llevando así, pero solo me iba a cortar un poquito, nada cambiaría. La peluquería elegida era por simple cercanía a mi trabajo: está ubicada en una galería de la calle Cerrito en Buenos Aires y la atiende una mujer, algo que siempre me deja tranquilo. Me aterra la idea de que me agarre un peluquero/barbero y que me rape.

Una vez en la peluquería, la mujer me llevó a lavarlo. Estuvo varios minutos lavando mi pelo y diciendo lo bonito que era. Cuando me senté en la silla, me envolvió con una capa blanca y comenzó a desenredar el pelo con un peine de dientes anchos. Una vez más me dijo que era un pelo muy hermoso y que "es una lástima que lo quieras cortar". Le agradecí por sus palabras y le dije que solo quería recortar uno o dos centímetros para "ordenarlo un poquito". La peluquera hizo caso, empezó a cortar cuidadosamente y solo recortó 2 centímetros con la tijera de entresacar, para no perder demasiado cabello. Lo cierto es que me pareció la nada misma, me había quitado muy poco pelo, me veía casi igual y sabía que si lo dejaba así dentro de muy poco volvería a estar desordenado, o lo que yo llamo desordenado, para los demás siempre está perfecto. Acá viene el problema: le dije a la peluquera que me "corte un poquito más, un poco más cortito". Preso de mis palabras, nombré la palabra que me aterra: "cortito". Aprovechando la situación, la peluquera se encontró en su salsa. Comenzó a agarrar mechones húmedos con los dedos y a cortar, peinaba, agarraba con los dedos y cortaba, cada vez más y con los dedos bien pegados a mi cabeza. Empecé a inquietarme, me temblaba el cuerpo y hasta me retorcía. Los mechones castaño oscuro me caían sobre la capa blanca, eran como de 5cm!! Estaba mudo, no podía decir nada. Lo único que atiné a decir fue "no me cortes muy corto el flequillo" porque ya me la veía venir. No podía creerlo, en 5 minutos me dejó toda la cabeza con el pelo bien cortito, de 2cm de largo, quería llorar.

Cuando terminó de cortar me pasó el secador y el cepillo, haciendo que mi pelo quede aplastado. Entre lo corto que estaba y el secado parecía que realmente estaba pelado. Hacía 20 minutos había entrado a la peluquería con el pelo hermoso y brillloso, y ahora no tenía nada, solo 2cm de largo en toda la cabeza. Pensaba en lo que me iban a decir en la oficina, las mismas chicas que habían halagado mi pelo esa tarde en el trabajo, me daba escalofríos toda la situación. Finalmente, la peluquera me sacó la capa y me dijo "ahí está, más cortito, ahora vas a ahorrar un montón en shampoo para tu pelazo". Realmente ella lo disfrutó. Le pagué y me fui.



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