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Cortes en el campo by granate
Un relato no real que pudo haber sido.
Ni bien terminaban las clases me iba al campo a casa de mis abuelos. Este año fui solo porque mi hermana se tenÃa que preparar para la facultad.
Yo tenÃa 15 años y era el año 75.
Por tercera vez iba a viajar solo en tren. Era un viaje de poco más de dos horas.
Mis padres me acompañaron a la estación de tren y me dieron las recomendaciones de siempre. Ellos irÃan para allá a pasar las fiestas.
El viaje se me hacÃa rápido. No veÃa la hora de llegar.
Sólo habÃa "algo" que me causaba ansiedad. Mi abuelo lo primero que hacÃa era mirarme la cabeza. No podÃa verme con el pelo crecido y yo llegaba casi después de dos meses de mi último corte de pelo. La primera parada era en la barberÃa que estaba frente a la estación ( como le decÃa él ). Yo ya sabÃa que era lo que iba a pasar una vez que bajara del tren.
Él me estarÃa esperando en el andén y, después de los saludos , su tÃpica frase:
¿Me parece a mà o a Usted le hace falta un corte de pelo ?-
A mà se me hacÃa un nudo en el estómago pero sonreÃa porque no tenÃa otra salida.
Por supuesto, era una vieja peluquerÃa de campo ( tal vez la única en el pueblo, porque todos, adultos y niños, lucÃan el mismo corte de pelo extremadamente corto ). Allà era donde él se cortaba el pelo , con su viejo peluquero amigo de su infancia.
Cuando el tren llegó a la estación , bajé y busqué al abuelo.
Para mi sorpresa, en un costado junto a la sala de espera, vi a la abuela.
Me extrañó, y me asusté. Me saludó y le pregunté por el abuelo.
Me tranquilicé cuando me dijo que no habÃa podido venir porque estaba haciendo unos arreglos en la casa.
A mi abuela se la veÃa bien. Me preguntó por la familia y salimos de la estación.
Pude respirar porque pensé que me salvaba de la visita al peluquero, aunque sabÃa que algún dÃa iba a ser.
Cruzamos la Avenida del boulevard y pasamos por la puerta de la peluquerÃa que estaba cerrada. Me extrañó:
¿La peluquerÃa del abuelo cerró?.- pregunté.
SÃ. El peluquero se jubiló. Pero no te pongas contento porque abrieron otra y tu abuelo ya me dio las instruciones. ¿ te creÃste que te ibas a salvar?.- me dijo sonriendo.
Se me vino el alma a los pies. Pensé que si la habÃan abierto ahora , no podÃa ser tan vieja.
Caminamos charlando con la abuela y después de unas cuadras la abuela se detuvo en una casa antigua, sin revocar , con un cartel a un costado de la puerta pintada de azul claro con dos vidrios que mostraban su interior, donde se leÃa PELUQUERÃA LA ESTACIÃ"N. â€" CABALLEROS Y NIÑOS.
Se me heló la sangre. Era más vieja que la otra.
¿ Esta es la nueva peluquerÃa, abuela ?-
SÃ. Es un señor que vino del otro pueblo a principio de año. Y menos mal, porque no habÃa peluquero. A algunos les cortaba la peluquera de señoras , pero otros no querÃan saber nada , tu abuelo era uno de ellos y estuvo desde enero hasta marzo que vino este señor, sin cortarse el pelo.
VenÃ, vamos.-
Yo no quiero, abuela.-
Dale, porque tu abuelo sabés que es capaz de traerte a la fuerza y va a ser peor. Entrá.-
Sonó un llamador y el peluquero miró hacia la puerta.
Le estaba cortando el pelo a una persona mayor. Dejó de cortar para saludar a la abuela y mirarme a mà como " un bicho raro ".
Hola MarÃa, ¿Cómo andás?. ¿ Cambiaste a tu marido?- dijo sonriendo.
Es mi nieto. Recién llegado de Buenos Aires.-
¿ Y allá no hay peluquerÃas ?- parecÃa muy gracioso pero, a la vez , muy estricto con los cortes de pelo por la manera que le estaba cortando al cliente.
Nos sentamos con la abuela a esperar.
Le pregunté cómo era que la conocÃa y me dijo que, como mi abuelo tiene problemas en una pierna, a veces lo acompañaba a pelarse.
Yo miraba todo a mi alrededor. ParecÃa un viaje en el tiempo y, en minutos, yo iba a ser el protagonista.
Al cliente del sillón ya lo tenÃa casi terminado. Un corte de pelo rapado como llevaban todos los hombres del lugar.
Le cepilló la cabeza y le sacó la tela. La sacudió con fuerza en el aire y mientras le cobraba al anterior, me miró con una sonrisa que pareció maliciosa, y estirando la tela blanca de algodón en toda su extensión, me llamó al sillón.
Vamos jovencito, su turno. Arriba.-
Casi arrastrando los pies llegué a la silla del peluquero, y me senté de frente al espejo. Mi abuela me miró con una sonrisa.
Vi al peluquero darle vuelo a la tela y pasarla por delante de mÃ. La ajustó con fuerza por detrás y me puso un paño menor en la base de la nuca para que no entraran pelitos.
Tomó el peine que llevaba en el bolsillo superior de su chaqueta y me empezó a alisar el pelo.
TodavÃa no se habÃa escuchado la sentencia. Esperaba que mi abuela fuera más benevolente de lo que era mi abuelo con el peluquero anterior.
¿ Cómo lo querés, MarÃa. ? Flor de porra tiene. A Julio ( mi abuelo) no le va a gustar nada.-
Ya lo creo. Ya me dio las órdenes Hacele el corte que le hacés a él. Eso es lo que me pidió.-
Estaba perdido. Este peluquero también me iba a pelar. De ahora en adelante.
Abuela, no quiero que me pelen.- dije casi suplicando mientras el peluquero tomaba del mueble una de las máquinas manuales de corte.
Hijo, si no te lo cortás ahora, a la tarde te trae tu abuelo y sabés que es capaz de cualquier cosa con tu pelo si lo ve largo.-
Con la maquinita, haciéndola funcionar en el aire, fue a mi parte trasera y empujando con firmeza mi cabeza hacia abajo, me ordenó:
La cabecita bien abajo. AsÃ, muy bien.- y me empezó a pelar sin piedad.
Charlaba con mi abuela de cosas del pueblo mientras me movÃa la cabeza a su voluntad pasándome la cortapelos. Me pelaba con ganas.
Con la cabeza gacha veÃa la tela cubierta de pelo que se amontonaba en mi regazo. La máquina iba bien hasta arriba y arrastraba el pelo cortado al ras.
Antes de ir a los costados , paró de cortar y, dejando ver mi nuca como un trofeo, sin soltarme la cabeza, le preguntó a la abuela:
MarÃa, ¿lo querés asà o más corto?.-
Ay, Antonio. Para mà está bien, pero para Julio le faltarÃa un poquito más en la nuca. Sabés que le gusta bien rapadito -
Ahora le pelo los costados y después le doy otra pasada.-
Cuando me estaba cortando los costados se escuchó abrir la puerta y me pareció que la voz del saludo era la de mi abuelo.
Mirá quién vino?.- dijo mi abuela.
Él vino hasta el sillón a saludar al peluquero y me dió un beso en la cabeza:
¿Qué hacés che? Qué cortecito, ¿eh? ¿La abuela te trajo a conocer a Don Antonio?.- dijo mientras me acariciaba la nuca pelada.
Flor de porra tenÃa.- dijo el peluquero mostrándole el pelo cortado en el piso.
Antonio, me imagino que la parte de atrás la vas a pelar más ¿no?. Pasale la doble cero que va a hacer calor.
Mi abuelo se fue a sentar al lado de mi abuela y se pusieron a charlar , mientras el peluquero giraba el sillón para pelarme del otro lado.
Cuando me dejó los costados en blanco, con peine y tijera me cortó muy corta la parte de arriba. Una lluvia de pelo caÃa delante de mis ojos y sobre los hombros. Se estaba haciendo un festÃn.
El peluquero sacó de un cajoncito del mueble otra cortapelos más pequeña de cuchilla muy apretada. Por lo que habÃa pedido mi abuelo, era la "doble cero". Nunca me la habÃan pasado. Esta vez el abuelo me querÃa bien pelado.
Giró otra vez de frente al espejo me bajó la cabeza y me rapó toda la nuca
con esta maquinita. SentÃa el metal de la herramienta haciendo presión sobre el cuero cabelludo. Me imaginaba la nuca al rape.
Me entalcó y me cepilló toda la cabeza. Preparó en un cuenco metálico un poco de espuma de afeitar.
Me enjabonó con una brocha todo el borde del corte y afiló una navaja barbera en una lonja de cuero que colgaba del brazo de un sillón.Me rasuró y me quitó el excedente de jabón.
Me peinó con gomina haciendo una raya lateral y me volvió a entalcar.
Tomó el espejito de mano y me mostró el rapado de la parte de atrás.
Mi abuelo disfrutando y mi abuela tratando de convencerme de que me quedaba bien.
El abuelo pagó el corte y arregló otra cita para cuando mis padres me vinieran a buscar para las fiestas.
Faltaban , exactamente, 28 dÃas.