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dos cortes por un documento by Car


Recuerdo hace ya una punta de años, allá por el ‘70, mis hijos mellizos estaban cumpliendo los 12 años y en esa época , acá en Argentina, era el tiempo de sacarle a los chicos la Cédula de Identidad para el ingreso al colegio secundario.

El trámite se hacía en el Departamento de Policía, en la Capital Federal.
Había que ir temprano porque siempre había mucha gente. Padres o madres con sus hijos haciendo cola para llenar el papelerío , y allí mismo les sacaban la foto a los futuros documentados.

Había que ir pasando por distintos escritorios donde se iba completando el trámite.

Después de completar " mil" planillas venía la derivación al sector de las fotografías.

Era la época de la moda del cabello largo en los jóvenes. Yo nunca lo permití en mi casa pero tampoco era tan estricto.

En el último escritorio antes de la foto, el cadete de policía que atendía me dijo:

— Señor, con ese cabello no les van a sacar la foto. Se deben ver las orejas y no caer pelo largo sobre el cuello de la camisa.--- me dijo, señalando la cabeza de los mellizos , que no tenían el cabello tan largo. Sí estaba algo crecido.

Se lo traté de explicar pero no hubo manera. Le comenté al agente que ya tenía casi el trámite terminado y que iba a perder todo lo que ya había hecho si tenía que volver otro día.

El policía me dijo que allí atendían hasta las 16:00 hs, y que podía salir a cortarles el pelo y volver para terminar el trámite, sin perder lo que estaba hecho.

Miré el reloj y eran las 11:30 hs. Tenía un buen rato.
El policía me dijo que a la vuelta, sobre la calle Moreno, había una peluquería, así no tenía que andar buscando.
Le agradecí y le dije que volvería.

Salí con los mellizos , que no querían saber nada con cortarse el pelo. Les expliqué que era necesario.
A pocos metros del edificio policial encontré el señalador tricolor de la peluquería. Era una peluquería tipo años ‘50.
Los ventanales con cortinas no dejaban ver el interior.
Abrí la puerta y sonó un cascabel. Metí a los mellizos adentro.

El peluquero , un hombre de unos 50 y pico de años, estaba sentado en el sillón con un diario.

— Buen día Señor. Hay tiempo para dos cortes. — le dije.
— Acá no se cierra al mediodía. — me dijo , cómo si mi llegada lo hubiera molestado.
— ¿Quién se va a cortar ?. — dijo mientras desocupaba el sillón y descolgaba de un perchero de pié una enorme tela blanca.
— Son los chicos. Es para la foto del documento. Así como tienen el pelo no le quieren sacar la foto.

Puso ,sobre los brazos del sillón, una tabla acolchada que se apoyaba en ambos brazos.

Parado junto al sillón que estaba de espaldas al espejo, y con la tela extendida, preguntó hoscamente:

— Vamos, ¿ Quién va primero ? . —

Lo mandé a Federico que parecía el más tranquilo.
Se trepó al sillón y el peluquero le tiró de los hombros hacia atrás para que apoyara bien la espalda al respaldo.

Sacudió la tela, le dio vuelo y se la pasó por delante cubriéndolo por completo. Se la ató con fuerza por detrás y le puso otro paño menor celeste en la base de la nuca.

Fede quedó de frente a nosotros.
Nicolás miraba todo como si estuviera en un museo y cada cosa que veía a su alrededor me preguntaba qué era. Le di una revista para que se entretuviera y yo busqué una para mí.

Cuando levanté la vista casi me muero. El peluquero ya le había subido un cortapelo por la patilla derecha hasta la sien, dejando una pared en blanco, y ya le había doblado la oreja hacia abajo para pelarle arriba de ella dejando un arco de piel con un rastrojo minúsculo.


— ¿ Por qué lo peló tanto, Señor ?.--- le dije sorprendido.
— Me dijo que era para la foto. Tiene que ir bien cortito. —
— Pero me dijeron orejas descubiertas y el pelo hasta el cuello de la camisa.---
— Todos los cortes que hice para fotos de documento fueron bien cortos y nadie tuvo problemas. Dígame si sigo o no. —
— ….Y ahora siga. No lo puedo llevar a medio pelar. —

Le terminó de rapar los laterales y, bajando la cabeza hasta que la barbilla de Fede chocó contra el pecho, Le empezó a pasar la cero por la nuca repetidamente , sin piedad. Cortaba, y cortaba sin descanso.
La tela ya era un gran manojo de pelo.

Le dio otra pasada por toda la parte rapada y le dio descanso a la maquinilla.
Con peine y tijera le cortó bastante corto el pelo de arriba.
Lo dejó bien cortito.

Le sacó la tela y lo hizo bajar del sillón.

— !! siguiente !!

Nico subió al sillón casi llorando.

— ¿ A éste como se le corto ? ¿ igual? .---
— Sí. —

Lo peló al cero igual que al hermano.

Me llevé de la peluquería a los mellizos rapados

Cuando volví al escritorio donde había suspendido mi trámite, el policía miró a los chicos, y dijo:

— !!! Qué cortecito !!! Ahora sí que no habrá problema, pero no tenía que haberlos pelado tanto.


Se terminó el trámite y , de vuelta en casa, menudo lío me armó mi esposa al ver las dos bochas peladas de sus hijos.
















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